Horas químicas

Archive for abril 2009

La verdad ya no existe/Lo tuyo es puto teatro

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kirkleia[Inserte aquí su lúbrica fanfiction]

Ando por la vida picoteándolo todo, como un pajarillo negro en un bosque de ahorcados. No me centro, es difícil. No tengo todavía un trabajo digno de tal nombre -que, por definición, es algo indigno y sucio-, y la dualidad bofetada/caricia que ha emprendido conmigo la vida, desde que Zorratumor se cagó de mi biografía, me tiene trastabillando hasta el punto que ya confundo la hostia con el mimo, tanto de ambos hay, tan seguidos, tan veloces, tan parecidos a veces.

Tan escasa la respuesta emocional o pavloviana por mi parte a la hostia o la caricia, todo hay que decirlo.

Me hace gracia, en un buen sentido, como gente [y donde pone gente, pongan mujeres] que desconoce mi biografía por completo va escalando los dos o tres apoyos que mi persona no empática siempre deja accesibles (vías de comunicación, poco más, en las que ni mesuro ni desato al contestar). Me hace gracia porque soy altamente hipotético -también imaginario: c’est ne pas un blog-, pero sólo de mis hipótesis. Y me sorprende la gente [y donde pone gente…], la que semanas más tarde te escribe, y te busca, ehm, un Algo Más, una respuesta, una oportunidad, una ilusión, una tontería, un momentito de intervalo entre el aquí y el ahora en el que poder gilisoñar -y no es malo para el ego que giliensoñen con uno, aunque uno sea desconocido, poco más que secundario exposicional, muy muy por deabajo de un deus ex machina en los resortes fáciles-.

No es malo. Yo gilisueño mucho, fíjense sólo en mi fin de semana, que me dejó gilisueños de amor motorizado y bello desde el viernes; tengo gilipesadillas plásticas lubricadas desde la mañana del sábado; tengo giliensoñaciones de tarde de domingo en las que la vida da por culo a mi ex como una dodecupla penetración anal simultánea, que las once anteriores ya están allí por su sacroputa voluntad. Tengo gilianhelos de 21 años; tontilucinaciones de edad desconocida y voz indolente; idiolizaciones propias de la treintena, de la mía; chorriansias de mediana talla y generoso escote; bobonsalmos en los que letanizo uno o varios nombres en nombre de la primavera o la gripe porcina.

O no, y me lo estoy inventando todo, y nunca tuve una ex que así la coman los cuervos cuando finalmente se ahorque -no se suicide, se ahorque-, y mueran los cuervos con el veneno e inventen un nuevo Aporkalypse con su carne miasmática, su nombre miasma, todo su ser pernicio propio y ajeno, sea maldita hasta por los dioses que no rezo.

O no, y me lo estoy inventando todo, y no me enamoré fugazmente bajo un golpe de Stendhal kinemático, al enmarcarse muy realmente la narración de su voz con la de su persona con la de mil vehículos derramándose por todas partes, jugando -los muy cabrones- a enlazarse con mi anterior post sobre Ballard, coches, sexo.

O no nada, onanismo, tanto da, si yo iba a empezar este post con una sola y triste foto, a decirles que la verdad ya no existe, que todo puede ser inventado y revisado, y que ese universo ficticio que crea la mentira -cuando bien se hace y se fabula- es incluso más atractivo a veces:

kirkleiaEsto no es canon, ni universo extendido.

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Written by Javi Sánchez

abril 29, 2009 at 6:08 am

Martes que parece lunes

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[Edito uno: el día sigue mejorando, me entero de que se ha muerto Javier Ortiz. También se ha muerto más gente, pero bah.]

[Edito dos: está todo el mundo que no caga con los Asusitos. Con cariño, para los que piensan que son lo más: así os toque abrir un TIFF de 300 megas en ellos, y tengáis que editarlo en Photosohop. Eso sí, yo quiero uno. O uno de esos laptop for a child. Pero para grabar en vídeo como lo destruyo. Sacrificaría el alma de todos los asusitos si eso pudiera resucitar a mi Vaio. ¿Vieron ya esta interfaz, por cierto? Eagle]

Llevo dos días sin tomar Red Bull, también sin fumar, ni jugar a juegos que no sean los del Facebook. Únicamente por ver cómo sería la vida sin apoyos artificiales, sin adicciones, sin trabajo, sin hijos, y sin fines de semana. Cómo sería la vida si, encima, fuera como los que no tienen blog y es difícil que entren aquí. Y cada día estoy más convencido de que la ignorancia y la estupidez son mecanismos de defensa contra el suicidio, o el asesinato en masa.

Así que voy a comprar tabaco y una lata de Red Bull para no matarme yo, o empezar una exitosa carrera como Zodiac -se lo digo desde ya: no me cogerían nunca-. Lo mismo escribo algo luego, o lo mismo estoy rompiendo la tibia de alguna cuarentona para beberme el tuétano. Y no porque me guste el tuétano, no. Por joder.

Written by Javi Sánchez

abril 28, 2009 at 1:06 pm

Publicado en De buen rollo

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Sed de mal

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Toda una vida.

Toda una vida leyendo cómics, jugando a videojuegos, sumergido en las más banales convenciones de la cultura pop sobre referentes icónicos de blanquinegra moral. Imaginando a la luz de las páginas pulp, malediciendo a la ex, escuchando atmósferas oscuras, indagando en metáforas autorreferenciales, signos y símbolos por doquier tan conceptualizados que se absolutizaban con un “lo” superlativo precediéndoles.

Y nada: ni imagen ni texto ni discurso ni fonema ni nota ni signo ni plano ni carne ni nombre ni símbolo ni ex ni nada. Nunca había visto una encarnación de LO MALIGNO tan poderosa, un meme tan fuerte que ya tiene infectadas todas mis neuronas con una vista en miniatura vírica e imborrable, a no ser que formatee todo mi yo. Ni Jack Kirby ni Milton ni hostias. Esta foto.

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—beware your fears made into light

Está todo tan bien construido y aseado en esta foto que es inútil su disección. El sabueso satánico inmóvil ante el contacto óseo y cuasiespectral de “El ex presidente” (esa mayúscula gazapil en el artículo, por cierto, está en el adelanto que hace el propio ABC); la torvísima mirada, la impresión de que nada bombea ese interior granítico y terrible, pues la sangre es cosa de humanos y Aznar un concepto que trasciende esa mera incomodidad biológica… Brr. Es el lich, el autómaton, el monstruo, lo alienígena cuya mera contemplación destroza el status quo de la frágil capa de humanidad que portamos, provoca la repulsión aracnida en lo más recóndito de nuestro cerebro animal. Incluso el modelo cromático, con ese aura de pantócrator inverso da un repelús en lo más hondo de la losa judeocristiana con la que nos atizaban el biberón cultural: es el aznarcristo, que es como el anticristo pero en real.

Según tecleo, quiero apartar la mirada y refugiarme bajo una sábana, remedando algo hermoso que rompa el influjo: qué se yo, un trozo de Schubert, un poema de Dylan Thomas, un escote generoso en la retina, un baile ya olvidado, una página de Miguelanxo Prado, un millar de vehículos tridimensionales rompiendo la física y los cánones de belleza que el triste espaciotiempo nos impuso. O algo.

Porque hay tanto canon ahí, en esa imagen, tal perfección y exactitud, que es necesario ir más allá para escapar a su influjo, al golpe emocional que supone saber lo que siempre se sospechó pero nunca quiso uno confirmar así: Aznar es el Mal. O peor. No hay Mal, en el sentido clásico, más allá de Aznar. Está todo ahí, desde Mefisto hasta Palpatine, pasando por Victor Von Doom.

Y es el ex de todos ustedes, les guste o no. Perdón, El ex.

Written by Javi Sánchez

abril 25, 2009 at 7:06 pm

Publicado en De buen rollo

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el crimen sí compensa

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Y sigo febril. No sé si se aplica aquí la misma fórmula que se ha ido empinando desde la veintena , donde a cada día de fiesta y desmadre le corresponde al menos medio de reposo. Siendo muy generosos -porque es verdad que desde los 30, muchas veces la relación es de 1:1-, no debería ni de sorprenderme: son 13 días prácticamente non-stop, acumulados, y cada uno más bellaco que el anterior, más criminal que el que precede, más asesino, arriesgado, funambulista.

Llevo cuatro en la cama, tocando fondo los dos últimos, limitadísimo. Me deberían quedar dos más, que no puedo o quiero permitirme, porque ya estoy en la sopa de sobre, y de ahí se pasa al suicidio, directamente: mientras el mundo hace sus cosas de fin de semana no se puede estar en la cama borracho de fiebre y de bacterias. Es malo para el ego y la propia imagen. Casi delictivo, sí: si el fin de semana sigo enfermo, pienso dar rienda suelta a mis delirios, y acudir lamentable hasta los juzgados de Plaza de Castilla, a querellarme contra mi propia persona.

Peor, no tengo el apetito -tal vez sí las ganas, o sí el querer, o sí la necesidad, pero sin apetitos poco hay que hacer conmigo, se lo digo desde ya a cualquier candidata a futura ex- de fumar ni de masturbarme. Tampoco de cocinar, recoger, jugar con mis consolas, leer nada que no sean cómics -y preferentemente ya leídos, que no da mucho de sí la cabeza-. Pero, eh: cigarrillos y pajas. Algo que hasta los curas tienen permitido. Esto soy, menos hombre que un sacerdote. Y la fantástica sanidad pública madrileña -reitero que todas mis ex juntas no son tan  hijasdeputa como lo público madrileño- me ha dado cita para el LUNES POR LA TARDE. Para conseguir una triste receta de amoxicilina con ácido clavulánico, que es lo único que necesito para atajar esto.

En serio, y a riesgo de incitarles a un delito contra la salud pública: si alguno de mis lectores tiene, aunque sea, tres tristes comprimidos de amoxicilina con ácido clavulánico -mis bacterias se descojonan de la amoxicilina normal, la encierran en el baño de los chicos; le hacen wedgies con el tanga- que se ponga en contacto conmigo. Y le recompensaré de múltiples formas: con cigarrillos, con un autógrafo, con los libros de mi ex, puede que hasta CON DINERO.

Déjenme ser su Kingpin, y no sólo pondré la ciudad a sus pies, sino que les presentaré cachondas asesinas ninja, o macizos abogados ciegos. Todo por un poco de amoxicilina (con ácido clavulánico). Venga. Va.

Written by Javi Sánchez

abril 23, 2009 at 8:58 am

autobombo

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Como con esta fiebre no me da para NADA que no sea terminar el guión de una charleta que tengo que dar el viernes, aprovecho para autobombearme. Primero, lean esto. ¿Ya? Pues eso, viernes, 19:30, Paseo de la Chopera 14, etcétera.

¿Y de qué va eso de carne, plástico, silicio? ¿Y quién es Javi Sánchez?

Pues le cuento lo mismo que van a leer el resto de asistentes:

Carne, plástico, silicio.

Un repaso muy poco romántico a los mayores escollos y únicos traductores posible en nuestra relación con los juegos y las máquinas: los mandos. El canal de comunicación entre hombre y máquina, al que aún le queda mucho camino. Además de examinar qué se esconde entre nuestro cerebro, el plástico y la imagen en el monitor, se hablará de los tiempos en el que un japonés se ganaba la vida porque podía pulsar un botón 16 veces por segundo. También de la actualidad, que parece limitada a agitar trozos de plástico o aporrear notas de colores en una guitarra de juguete. La charla incluirá fracasos empresariales estrepitosos, extrañas prohibiciones de Nintendo, y al menos una recreación de un pope británico del videojuego subido de rodillas en un sillón mientras jura o perjura que Dios es un puntero de ratón.

Javi Sánchez se dedica a escribir, redactar, guionizar y demás verbos. Prefiere escribir y discurrir sobre cultura, comunicación y sociedad. A veces lo hace en ese orden, y a veces se gana la vida así. Ha colaborado con revistas de distinto formato, país y calibre, con periódicos locales de Castilla y León, también de Galicia; ha elaborado ensayos y catálogos para galerías de arte e instituciones artísticas y universitarias; ha entrevistado a mucha gente en dos idiomas; ha participado en varios libros, sesudos y ligeros, sobre cultura pop, cómic y videojuegos -incluyendo Mondo Píxel-, para España y Estados Unidos; y a veces también ha publicado algo de poesía, relato corto, y demás géneros menores. Nació en Salamanca hace más de treinta años. Estudió Ciencias de la Información en esa ciudad, y luego en Madrid, donde reside, aunque a veces añora Londres. La única certeza que posee es que jamás volverá a escribir en una sección de sucesos.

Vengan a vernos. Se lo van a pasar mejor que fumando basuco y crack delante de la tele.

Written by Javi Sánchez

abril 22, 2009 at 3:27 pm

el organismo humano es una exhibición de atrocidades

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[O “el obligado post sobre Ballard mientras está fresco el cadáver”.

Como dice el tuit!, ayer me acosté con una ensalada de ballardismos no directos, y habría seguido encantado al despertar, pero la agenda del lunes no perdona y a ella me debo. Lo único que no me permite hoy la multitarea es meterme en la cama todo el día releyéndole con una mano y la otra debajo del calzoncillo.]

No me gusta repetir lo que voy diseminando por internet, pero ese link con el que me despedí ayer -una de esas joyitas de mis bookmarks que sé que hace tiempo debería haber compartido en Mondo Píxel, pero es que soy vagovagovago- define perfectamente uno de los puntos de cruce esenciales de Ballard con mi vida ociosa o pensativa. Ahí se van a encontrar con dos asuntos: uno es una reseña sobre un artículo sobre GTA IV y Atrocity Exhibition, que meh -para empezar, GTA IV no está a la altura, pero no les quiero aburrir y ustedes son inteligentes-; y con un extracto de un gamic -cómic hecho con capturas de videojuegos- sobre Burnout y Crash. De Crash podríamos hablar mucho, y sería fácil. Vamos a dejarlo en que es un libro que definió mi sensualidad y mi estética, al ladito mismo de Naked Lunch, los dos Trópicos y Neuromancer.

Burnout, no sé si hace falta decirlo, es una saga elaborada por los también británicos Criterion -esto lo remarco mucho, porque mi kunpedia interna lleva 15 años convencida, pese a la evidencia, de que Ballard era californiano-. Es un juego de coches del mismo modo que Crash es una novela de coches: los aspectos fundamentales de cualquiera de sus entregas -les recomiendo la tercera, por encima de todo- son la velocidad absurda y el hostiazo padre, ambos glorificados hasta la abstracción del resto de elementos. La victoria, el asfalto, el fetichismo tecnológico habitual del género -los juegos de coches tienden a la exhibición de músculo gráfico, son las pasarelas de modelos de las máquinas que los albergan-, se caen y desaparecen en pos de esos dos aspectos.

De hecho, podríamos resumirlo en que Burnout sólo tiene dos velocidades, muy ballardianas ambas. Una es la extrema, tan febril que descontextualiza todo -el coche es un trozo de metal al límite, los códigos de la carretera se pierden en el ruido, el resto de objetos y paisajes son trampas, borrones oculares a los que no se puede prestar atención-. La otra es el accidente, donde toda esa velocidad escapa en forma de destrucción suspendida en el tiempo: en cualquier impacto serio, los vehículos implicados se convierten en un ballet de metal retorcido y gimiente en cámara lentísima, con chispas y pequeños trozos de acero virtual inundándolo todo hasta el ataque de Stendhal. Ya no son coches, son pirotecnias, fuentes, coreografías improvisadas cuyas directrices son los newtons y las resistencias materiales. Todo mentira, además.

La saga tiene tal tendencia a la abstracción -algo muy Criterion, como también saben los jugadores de Black, donde todo se reduce a la glorificación secuencial del tiroteo como narrativa, hasta que importa más ver cómo se recarga el arma que tener enfocados a los enemigos- que en Burnout no hay figuras humanas: ni peatones, ni conductores, ni nada en movimiento que no sea metal, vidrio y neumático. No se equivoquen, no es por censura. Es porque sobran en ese discurso enloquecido: ver humanos virtuales escoñándose no tendría ni puta gracia y estropearía esa belleza de combustión y destrucción con la sucia carne.

Y ahí es donde me fascina el gamic que les linko. En la sucia carne. Crash es uno de los primeros libros donde descubrí la posthumanidad. Castradoramente (reducir cualquier obra de Ballard a un solo tema es caparlo), trata sobre gente cuya sexualidad gira en torno al accidente. Gente que, para despertar la carne tienen que atraparla entre el hollín, el cristal roto, el metal disfuncional fluyendo con la sangre. Y cuando el coche ya no es coche, y ambos están rotos, surge el deseo –machine libido (if there is such a thing)-.

Esto ya nos lo acuñó Cronenberg, pero lo repetimos porque suena bien: la nueva carne, la imposible mezcla física y mística entre lo que somos -el organismo: una exhibición de atrocidades- y lo que hacemos -la tecnología: una producción de atrocidades-. Matteo Bittani se limita a utilizar el poder secuencial del cómic para superponer dos discursos complementarios entre sí -otra de las genialidades de Burnout: si no hay conductores, y el jugador siempre se proyecta en el avatar, quién es el jugador: ¿el coche, la velocidad, la hostia?- para dejarnos con algo que siempre sospechamos. Al apoyar estos gamepads vibradores de hoy en día entre nuestras piernitas orgánicas, darnos la primera hostia en Burnout, y notar el rumble a toda mecha, el sonido del accidente a baja frecuencia, el metal refulgente a velocidad de escape multivectorial:

eso es pornografía digital de consumo para cualquier lector de Ballard que se precie. Con el corolario tenso de que, nunca lo he intentado, pero estoy firmemente convencido de que es imposible jugar a Burnout con una sola mano.

—-

PD: lo mejor de haber vuelto a Madrid, por lo de las serendipias y demás, es que exceptuando Burnout, de todo esto se habló en el late night focoforil al que me arrojó el regreso. 24 horas antes de que muriera Ballard, mientras sonaba Atrocity Exhibition. Nuestras vidas las construyen voces muertas.

Written by Javi Sánchez

abril 20, 2009 at 10:08 am

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Y casi muero. Por si no fuera bastante salir del antro, meter lengua, tocar culo y saber que no hay posibilidad de polvo. En la calle, en todo caso. En los 3,5º de la calle, mientras viene un autobús, y el tercero mira y baila en la parada. Con un ridículo sombrero de paja. Da igual. Me despido, “hasta la vuelta”. Volvería. Mañana mismo, o antes de irme, así es el polvo inexistente. Volvería ya, sin irme. Puto dentista, puta vida, puta casapadres, casi muero.

Porque despierto al taxista cuando les dejo en la parada, y veo en sus ojos algo peor, mucho peor que mi reflejo. Y, efectivamente, llega la primera rotonda, línea recta para él, mientras anoto mentalmente y distraído un principio de post, “no es secreto que me ponen las tías más altas que yo…”, cuando me pego el hostiazo contra el respaldo delantero.

Y mira, mira que se lo digo al colega, que no corra -el otro taxi, todo legal, carril correcto, nos ha esquivado de milagro-, que no hace falta. Se lo digo muchas veces, en la estación de autobuses, tomando café. Pero ahí va, corriendo -estamos en medio de cuatro carriles, hijodeputa-, y no me hace caso. Venga que te corre. Fíjate, el autobús -no el autobús, el Juggernaut, coño, en una perpendicular tan exacta que lloran los matemáticos muertos al verla en la naturaleza: sé que lloran, porque están al otro lado de la luz, tan cercana ahora-. Y no se para. Si es que qué prisa habrá, muchacho, qué prisa -y nos sube a la rotonda, al cesped, a la bandera, mientras nos palpa el culo el autobús, con la misma violencia que yo palpaba hace cinco minutos de polvo logistícamente imposible-. Ay, muchacho. Yo tomo café, no creas. Yo lo tomo con el amigo de antes, pero mira cómo ha corrido. ¿Te has dado ahí? -hn, qué, ah, el respaldo debe ser el ahí charro, esta vez; no no, lléveme a casa ya- Esto es una mierda, no veo nada, los años no perdonan, no te importa este semáforo, llegamos antes, no te quiero gastar los dineros, muchacho, cuál es tu portal -en la esquina, en la puta esquina, y estoy casi llorando mientras lo digo, casi muero-. Mejor me meto aquí y no molesto. ¡Joder! -un bolardo entero, en la puerta de mi casa, adiós mis excusas, tengo un vecino en la ventana y un taxsta mucho peor que yo, pero la vergüenza es mía- Dame, dame. Un segundito que te devuelvo, es que casi no veo con este amanecer -no, quédese todo, los cinco euros, tengo más si quiere, me bajo ya-. Gracias, muchacho, un café a tu salud, y no te preocupes, que yo le digo que no corra.

Al bajar, casi me estampa, me roza la bota y anoto su matrícula para cuando vuelva aquí yo, a Salamanca, a buscar culo y venganza. Abro la puerta. El demente pater familias de la puerta de al lado (otra historia, será contada, tal vez) abre y mira, sonríe demente. Y yo saludo, entro. Me ducho, desayuno, tengo dentista en tres horas. Escribo aquí. Corto y pego y me descojono, despertando a mi madre. Casi morir, es sólo otro ejercicio de teclas. Me descojono: esto soy.

Written by Javi Sánchez

abril 17, 2009 at 6:20 am

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