Horas químicas

De pérfidas y putas

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Lo primero que estoy haciendo con mi recién recuperada garganta es fumarme un truja.  Lo segundo, rematar un artículo de opinión del que aún me quedan 3.000 caracteres, gracias a mi tendencia a ponerme enfermo en el peor momento -díganme si no: el domingo por la mañana, antes de un polvo a tiro fijo, y horas después de haber aceptado dos encargos de urgencia-. Lo tercero, reorganizar la gelatina que ahora llamo cerebro para un poco de IM con un ídolo profesional tocayo (y el primer sorprendido soy yo). En cuarto lugar, vengo aquí a seguir llamando zorra de mierda a mi ex. Por higiene mental.

Y no, yo no hago esto con las ex, a pesar de que me guste el tag en plural. Con las ex, como las entendía hasta ahora, como ustedes las entienden y les deseo por muchos años que las sigan procesando, bastaba con el somero llanto de “ay, cuánta pupa”, que tantas veces ha repintado mi existencia. Porque yo tenía -creo que ya no, o lo mismo no me importa- un mínimo de ética, y siendo sinceros, siempre he sabido cuándo he cagado yo las relaciones, cuándo no pero la vida es así, cuándo la han cagado conmigo, y cuándo me hacían la putada.

Pero siendo siempre la putada un algo emocional, intangible, y que acababa como acaban las relaciones. Se llora un poco, o un mucho, y se sigue con la vida porque ella no se para. Máxime cuando la vida es llorica y de escuchar a Los Planetas, cosa que les parecerá de mal gusto, pero que lubrica el mecanismo de aterrizar y seguir uno con lo suyo.

Entonces, sí, iba a mi blog de turno y me desahogaba cosa fina, entre cripticismos, tules negros y todos esos resortes de eyeliner y camiseta de Los Cure que te enseñan en segundo de Peterpanismo. Y cómo mucho, llamaba pérfida a la ex, entre ataques de poesía y follerío más tarde arrepentido, porque no era la pérfida, ni era yo con ella. “Mi ex, ya sólo un prefijo y ex yo mismo de la persona que fue con ella”. Ya saben. Dramón llorica postadolescente. Como esto, pero sin tacos.

Pero, si algo define mi actualidad -y no es esta garganta ciscada por diez días consecutivos de fiesta, noventa redbulles, media docena de bragas-, es que me han hecho una tremebunda putada de adulto. De las que ponen un poco más difícil seguir con la vida como si no pasara nada más que tres o cuatro canciones en repeat y un bocata de resquemor y nostalgia. Rematada además, la putada, con un comportamiento de puta con todas las letras -mujer que pone el chocho por dinero-. Es decir, doblemente puta la ex, por lo que no la puedo escudar en sinónimos, y aquí ando, emputecido, y pensando si darle al glamour y soslayar todo esto, o cogerme el toro por mis propios cuernos -lo de menos, se lo digo desde ya- y resolverlo para que no quede como uno de esos traumas por resolver y que acuchille un trillón de años más tarde -o en los dos meses que me quedan para arreglar mi vida en Madrid antes de que las cosas se pongan más feas que una ex-.

Básicamente: chico conoce chica, chica y chico van a vivir juntos, chico se calla muchas cosas de la chica, chica estafa unos 5.000 euros  a chico a bote pronto, chico anda a dos velas porque es imbécil pero qué más da, chica conoce a chico b supuestamente guapo y forrado, chica miente a saco a chico, chico se queda en paro y sin colaboraciones, chica deja a chico con una excusa increíble y la velocidad del rayo, resulta que chico b no sólo no es objetivamente guapo, es que no está forrado y además forra a chica en plan 012, y a partir de ahí: de todo, incluyendo más mentiras, duelos al poniente, peleas de gatos, juicios, libros abandonados, policías nacionales con aficiones wehrmachtianas, paranoias, y mentiras y más mentiras que a chico se la soplan, porque ni trata con ella ni con su entorno inmediato común -esto es, con las seis personas que no la han mandado a la mierda y que, ya se lo digo, ni se molesten en buscarme, porque no vivimos en la misma dimensión moral: y eso que la mía la he rebajado APOSTA, hasta este tipo de extremos-.

Lo más divertido de todo es que mi ex definitiva y primigenia, a la que todavía llamo por su nombre a pesar de todo, hizo algo ligera, mínimamente parecido, y también acabó bastante mal (en su caso, chico b le pega a chica una enfermedad venérea ultrachunga en los tres primeros meses, algo de lo que chico se sigue descojonando a día de hoy), con lo que mi tontuna bloguera determinista tiene dos satisfacciones. La primera, que si alguna vez vuelve a haber chica, le recomiendo desde ya que me deje a la cara y sin mentiras, no sea que el Olimpo la castigue como a mis ex mentirosas -sean pérfidas o putas-. La segunda (crucemos los dedos), que la vida tiende a mimarme mucho mucho tras una de éstas. Vuelvo a  Madrid en pocos días, con la satisfacción de haber cagado el tumor de esta putada de puta en Salamanca, ora en blog, ora en camas de niñas tontas que no supieron lo que pasó, y dejarlo aquí enterrado.

Y ahora sí, enciendo otro cigarrillo, retomo el word con ilusión, estiro mis tentáculos cerebrales para la que me espera con el tocayo, y no volveré aquí a poner a parir a ese zurullo vital que no se merece ni el título de ex. De las otras, hasta las que no fueron, probablemente aparecerán por aquí, porque fueron pérfidas, bellas, o anecdóticas -y para qué se escribe si no es para esas tres temáticas-. A ésta, como mucho, un twitter de odio de vez en cuando, porque eso y no más será en mi biografía: un máximo de 140 caracteres.

PD: Si han llegado hasta aquí, sólo tengo una cosa que decirles. SO PORNÓGRAFOS.

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Written by Javi Sánchez

abril 14, 2009 a 9:34 am

Publicado en De buen rollo

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