Horas químicas

Amalgama de plata

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No sé si es por la cantidad de tiempo pasada en casapadres (donde uno no puede decidir algo tan simple como la cantidad de comida que desea, o su temperatura), pero tengo la sensación de que el mundo me trata como a un niño discapacitado. Hay varios ejemplos. Ayer, discutiendo con cierto abogado las jugadas pasadas y por venir, tenía un mensaje en el móvil de llamada perdida, rubia, voluptuosa e intempestiva (cuatro condiciones que por separado pueden molestar, pero cuyo conjunto hace que lamente haber tenido el móvil fuera de cobertura). El mensaje mostraba el nombre, el número, la hora, lo de siempre, lo esperado. Pero debajo, y juro que no lo había visto nunca, leía esto:

Si quiere devolver la llamada, pulse la tecla verde de su móvil.

Elegante forma de llamarme imbécil, vive dios. Pero, hay más. Hoy, tuve una sesión de tortura bucal en la que yo me repetía a mi mismo que no había tanta diferencia entre mi vida emocional y el disco dentado que me clavaban en la encía de la última muela, que yo era Jack Nicholson y Bill Murray, que el masoquismo mola mucho y que, al fin y al cabo, el dolor es información y puedo manipularla.

Tras todo eso -salpicado con perlitas como “es que esta sangre me lo complica todo”, mientras mi pobre encía lloraba despreciada en mi cabeza, monologando “¿acaso no sangro si me clavan puntiagudos metales en mi carne?”-, me dio cita para mañana, y me despidió. Cruzando yo el pasillo, me chistó un segundo -odio que me chisten. Y que me den con el dedito en la espalda. Lo odio mucho-, y me dijo:

Debería decirte que no mastiques hoy por ese lado.

Gñ. Sólo porque vaya a hablar todo el día como Corky, no significa que lo sea, maldito racista de encías. Además, masticar. Ya sé que hoy no puedo masticar por ahí. Cada vez que tengo consulta me preparo una rica crema de berenjenas y miga de pan. Pero, no. Dígame las cosas importantes, yo las pregunto si hace falta: ¿Puedo besar hoy a alguien? ¿Sacar la lengua sin problemas? ¿Hacer pedorretas en alguna tripa? ¿Aislarme del mundo entre los muslos? ¿Morder un cuello? ¿Con los caninos o con los incisivos? ¿Dejar que me atrapen el labio superior?

¿Por qué las profesiones médicas confunden lo importante con lo innecesario?

PD: O, si hay que tratar a la gente como si fueran niños discapacitados, háganlo con algo que les ayude. Y en lo que sean realmente torpes. Como me acaba de pasar por mail. Con cinco simples palabras.

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Written by Javi Sánchez

abril 16, 2009 a 11:33 am

Publicado en Uncategorized

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