Horas químicas

http://tinyurl.com/d4mlop

leave a comment »

Y casi muero. Por si no fuera bastante salir del antro, meter lengua, tocar culo y saber que no hay posibilidad de polvo. En la calle, en todo caso. En los 3,5º de la calle, mientras viene un autobús, y el tercero mira y baila en la parada. Con un ridículo sombrero de paja. Da igual. Me despido, “hasta la vuelta”. Volvería. Mañana mismo, o antes de irme, así es el polvo inexistente. Volvería ya, sin irme. Puto dentista, puta vida, puta casapadres, casi muero.

Porque despierto al taxista cuando les dejo en la parada, y veo en sus ojos algo peor, mucho peor que mi reflejo. Y, efectivamente, llega la primera rotonda, línea recta para él, mientras anoto mentalmente y distraído un principio de post, “no es secreto que me ponen las tías más altas que yo…”, cuando me pego el hostiazo contra el respaldo delantero.

Y mira, mira que se lo digo al colega, que no corra -el otro taxi, todo legal, carril correcto, nos ha esquivado de milagro-, que no hace falta. Se lo digo muchas veces, en la estación de autobuses, tomando café. Pero ahí va, corriendo -estamos en medio de cuatro carriles, hijodeputa-, y no me hace caso. Venga que te corre. Fíjate, el autobús -no el autobús, el Juggernaut, coño, en una perpendicular tan exacta que lloran los matemáticos muertos al verla en la naturaleza: sé que lloran, porque están al otro lado de la luz, tan cercana ahora-. Y no se para. Si es que qué prisa habrá, muchacho, qué prisa -y nos sube a la rotonda, al cesped, a la bandera, mientras nos palpa el culo el autobús, con la misma violencia que yo palpaba hace cinco minutos de polvo logistícamente imposible-. Ay, muchacho. Yo tomo café, no creas. Yo lo tomo con el amigo de antes, pero mira cómo ha corrido. ¿Te has dado ahí? -hn, qué, ah, el respaldo debe ser el ahí charro, esta vez; no no, lléveme a casa ya- Esto es una mierda, no veo nada, los años no perdonan, no te importa este semáforo, llegamos antes, no te quiero gastar los dineros, muchacho, cuál es tu portal -en la esquina, en la puta esquina, y estoy casi llorando mientras lo digo, casi muero-. Mejor me meto aquí y no molesto. ¡Joder! -un bolardo entero, en la puerta de mi casa, adiós mis excusas, tengo un vecino en la ventana y un taxsta mucho peor que yo, pero la vergüenza es mía- Dame, dame. Un segundito que te devuelvo, es que casi no veo con este amanecer -no, quédese todo, los cinco euros, tengo más si quiere, me bajo ya-. Gracias, muchacho, un café a tu salud, y no te preocupes, que yo le digo que no corra.

Al bajar, casi me estampa, me roza la bota y anoto su matrícula para cuando vuelva aquí yo, a Salamanca, a buscar culo y venganza. Abro la puerta. El demente pater familias de la puerta de al lado (otra historia, será contada, tal vez) abre y mira, sonríe demente. Y yo saludo, entro. Me ducho, desayuno, tengo dentista en tres horas. Escribo aquí. Corto y pego y me descojono, despertando a mi madre. Casi morir, es sólo otro ejercicio de teclas. Me descojono: esto soy.

Anuncios

Written by Javi Sánchez

abril 17, 2009 a 6:20 am

Publicado en Uncategorized

Tagged with , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: