Horas químicas

Sed de mal

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Toda una vida.

Toda una vida leyendo cómics, jugando a videojuegos, sumergido en las más banales convenciones de la cultura pop sobre referentes icónicos de blanquinegra moral. Imaginando a la luz de las páginas pulp, malediciendo a la ex, escuchando atmósferas oscuras, indagando en metáforas autorreferenciales, signos y símbolos por doquier tan conceptualizados que se absolutizaban con un “lo” superlativo precediéndoles.

Y nada: ni imagen ni texto ni discurso ni fonema ni nota ni signo ni plano ni carne ni nombre ni símbolo ni ex ni nada. Nunca había visto una encarnación de LO MALIGNO tan poderosa, un meme tan fuerte que ya tiene infectadas todas mis neuronas con una vista en miniatura vírica e imborrable, a no ser que formatee todo mi yo. Ni Jack Kirby ni Milton ni hostias. Esta foto.

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—beware your fears made into light

Está todo tan bien construido y aseado en esta foto que es inútil su disección. El sabueso satánico inmóvil ante el contacto óseo y cuasiespectral de “El ex presidente” (esa mayúscula gazapil en el artículo, por cierto, está en el adelanto que hace el propio ABC); la torvísima mirada, la impresión de que nada bombea ese interior granítico y terrible, pues la sangre es cosa de humanos y Aznar un concepto que trasciende esa mera incomodidad biológica… Brr. Es el lich, el autómaton, el monstruo, lo alienígena cuya mera contemplación destroza el status quo de la frágil capa de humanidad que portamos, provoca la repulsión aracnida en lo más recóndito de nuestro cerebro animal. Incluso el modelo cromático, con ese aura de pantócrator inverso da un repelús en lo más hondo de la losa judeocristiana con la que nos atizaban el biberón cultural: es el aznarcristo, que es como el anticristo pero en real.

Según tecleo, quiero apartar la mirada y refugiarme bajo una sábana, remedando algo hermoso que rompa el influjo: qué se yo, un trozo de Schubert, un poema de Dylan Thomas, un escote generoso en la retina, un baile ya olvidado, una página de Miguelanxo Prado, un millar de vehículos tridimensionales rompiendo la física y los cánones de belleza que el triste espaciotiempo nos impuso. O algo.

Porque hay tanto canon ahí, en esa imagen, tal perfección y exactitud, que es necesario ir más allá para escapar a su influjo, al golpe emocional que supone saber lo que siempre se sospechó pero nunca quiso uno confirmar así: Aznar es el Mal. O peor. No hay Mal, en el sentido clásico, más allá de Aznar. Está todo ahí, desde Mefisto hasta Palpatine, pasando por Victor Von Doom.

Y es el ex de todos ustedes, les guste o no. Perdón, El ex.

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Written by Javi Sánchez

abril 25, 2009 a 7:06 pm

Publicado en De buen rollo

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