Horas químicas

“Estás desperdiciando tu talento”

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La frase, evidentemente, no es mía, pero a mí iba dirigida. Por una persona monovital, sin mayores intenciones. Y no, no es de ayer. Lo que más me jode es que vino a cuenta de Mondo Píxel [el increíble volumen 2 de los mejores textos sobre ocio electrónico se acerca, malandrines] y  mi doble felicidad por su existencia, y mi participación en la misma.

Evidentemente, la persona que lo dijo no tiene ni puta idea ni interés alguno por el tema, y lo mejor que se puede decir de ella es que es muy siglo XX. No vamos a hablar aquí de cuáles son sus talentos -uno, porque sólo tiene uno-, ni tampoco de sus limitaciones, porque la frase es, en sí, una frontera norcoreana que dice mucho sobre el interior de la persona y la zona desmilitarizada que es su neocórtex, donde no crece ni el arroz.

(Por otro lado, me han alabado el talento este fin de semana,  a obra puesta, y no vean lo bien qué sienta. Especialmente, porque con el halago encima, me doy cuenta de dónde están las carencias y sigo metiendo llave inglesa hasta que lo escrito sea tan preciso como la pelvis de Elvis repicando en doce compases. Si tuviera que ofrecerles un único aforismo al estilo clásico, les diría: sean siempre dignos de las alabanzas que les depositen. Es buena filosofía.

De nada, por cierto.)

Miren, no soy de esos egocéntricos que le regalarían a su madre Mondo-Píxel por el día de la Ídem (una Samsung 19 pulgadas, sí, te quiero mucho, y parir mi cabezón sin cesárea tuvo que ser ciertamente jodido).  No lo necesito, no es mi madre u otros públicos no objetivos quienes tienen que apreciarlo. Soy de los otros egocéntricos: a los que les gusta lo que hacen y lo relativo a lo que hacen, y bien está que sea así para ellos. y sus pares. Sí que evangelizo a veces con los videojuegos, quién no, pero no se me ocurriría que porque alguien escriba acojonantes análisis sobre las eddas nórdicas -cosa que ni me va ni me viene-, esa persona estuviera desperdiciando su talento por no preocuparse por los entresijos comunicativos del Wiimote -si, además, sólo cambia el objeto de estudio-.

Aparte -y perdonen que no lo dialogue, estas son las explicaciones que di con cierto cabreo, pero estoy pariendo guiones en camada y estoy saturado de esa forma de expresión escrita-, el talento. Me siento un cráneo previlegiado por compartir firma con tipos tan absolutamente impresionantes como la plana pixelera. Y lo que no es firma. Es bonito, porque la sensación de orgullo, innovación y exploración de nuevos caminos es una constante. Es una hermosa colección de egos, pero muy bien puestos y agradables. Mi talento es haber conseguido estar al lado de ellos sin sonrojo, y con la misma admiración del primer día.

Que una personita de vida sin esquinas ni curvas, del grosor de un punto, me venga emitiendo ciertos juicios de valor, (y más después de saborear el viernes que soy mucho más rico en conocidos que en conocimientos, y que se dan la manita en tantos casos), no molesta. Pero ofende, y me hace pensar: estoy hasta mis viriles y no vasectomizados testes de tener que andar justificando mi actividad mental y manual -disculpar la masturbación, a estas alturas, quiá-, de pedir disculpas por saber hacer bien lo que sé hacer (y esfuerzo cuesta: cada día intento ser un poquito mejor, y desde el apocalips-ex, trato de ser la mejor persona que pueda ser. Por joder, también, para que haga mella la comparación biográfica hasta que ella sea antítesis de mí por debajo, pero eh), de encontrarme bloqueos por doquier por parte de gente que objetivamente es mediocre en comparación conmigo.

Y de que cada vez que comparto mantel, birra o baile con cada uno de mis brillantes conocidos, tenga la sensación de que así es, más o menos para todos. Es cierto, pues: estoy -estamos- desperdiciando nuestros talentos. Viviendo en un país donde la envidia y la ignorancia compiten cada día por ver cuál de las dos será discurso único. Tratando con personitas a las que todo les viene grande y que, como no escribo best-sellers ni hago crónicas políticas, piensan que me desperdicio (nada malo en esas dos dedicaciones, por dios).

Pero bueno, dos dudas que me quedaron. Una, ¿es mi talento escribir novelas o hacer periodismo de alcachofa? ¿O es la capacidad de humillar, aplastar mentalmente, reducir a cero al interlocutor cuando me busca el ninja? ¿Y si mi talento fuera el asesinato como bella arte? ¿Debería desarrollarlo en lugar de teorizar sobre semiologías interactivas?

Y dos, interlocutora: ¿estás curando el cáncer, inventando nuevos transistores, salvando negritos del tercer mundo hasta que se extingan las pobres moscas que los afligen -como se extingue la ladilla por la popularización del chocho a la brasileña: no se rían, hay estudios sobre ello. Pagados con impuestos-, revolucionando la dependencia energética del pudding de dinosaurio, inventando la erección constante, testando la píldora mágica de inagotable sabor a vainilla, fusionando átomos en frío, desarrollando la necesaria teleportación, acercando el futuro a nuestras conexiones neuronales, implantando Google en nuestros brazos, calculando el algoritmo del amor eterno, demostrando o negando de forma definitiva la existencia cuántica de DIOS, haciéndonos inmortales, liando cigarrillos que no maten ni dejen el pulmón como si la ex se hubiera cortado las uñas en la pleura, avanzando el mundo con tu paso y pulso?

No.

Pues estamos en las mismas. Yo, al menos, no tengo problemas con la inutilidad de mis textos en comparación con todas esas necesidades humanas de primer orden. La vida es, en sí, bastante inútil. Un talento desperdiciado, cada vida, si al final se acaba.

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Written by Javi Sánchez

mayo 3, 2009 a 10:12 am

Publicado en De buen rollo

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6 comentarios

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  1. Esta noche, en “El rabo como el cerrojo de un penal”, el señor Kunta. Un fuerte aplauso.

    (vamos, que se ha gustado usted mucho y que me parece bien, pero ándese con ojo, que la superioridad moral es el colesterol del ego)

    Ingram

    mayo 3, 2009 at 11:39 pm

  2. Ya me gustaría a mí verla atrapada en una cervecería mientras un esquilador de ovejas que no le ha visto en seis años se mete en una estupenda conversación ajena para decirle que Lector Constante es una chorrada que jamás-ha-leído-ni-visitado, que usted está desperdiciando su talento, y que LEER ES MAL. Durante una hora.

    Sin que usted haya abierto la boca hasta el momento sobre las implicaciones morales de la esqulación de ovejas y sus devenires en el desarrollo personal del esquilador.

    Kun

    mayo 4, 2009 at 6:03 am

  3. Touché, pero incluso así. De esas conversaciones sale uno peligrosamente autocomplaciente. Convencido de que la visión del otro es sesgada y deficiente y fea. Persuadido de que está uno combatiendo en las filas de la razón y la verdad. Y no. Vamos, ni un poquito.

    Ingram

    mayo 4, 2009 at 9:41 am

  4. Más bien, de esas conversaciones sale uno con ganas de bailar drogado hasta la extenuación sin cruzar con otro ser humano nada que no sea impulso pre verbal y alegres fluidos corporales. Y persuadido de que al menos uno de los dos contertulios sabía que no estaba combatiendo en las filas de la razón y la verdad, pero al menos no tocaba los cojones al otro. Y de que era VIERNES POR LA NOCHE. No hay cosa que más odie que los tocavidas en viernes por la noche.

    Yo cambié ciencias por letras, sabiendo que estaba dejando atrás un universo de genios locos, sustancias transformadoras del id, investigaciones contra natura, milagros eugenésicos y cadáveres ambulantes renacidos por el poder del rayo. Al lado de todo eso, no hay logro posible en mi vida. Y cambié de vocación, cómo no, por una ex. Que además no aprobó el examen de ingreso en periodismo. Esa es la fuerza de mi vocación: follow the clit.

    Pero seamos sinceros: la frase vino de una intérprete musical. Intérprete, no compositora. Una médium de partituras de gente muerta a la que el mero concepto de electricidad aterroriza. No es mi madre, no es una amiga cercana, no es alguien que participe en mi vida. No le niego el derecho al juicio crítico a esa persona. Pero que critique la obra, coño. Que al menos la lea.

    Una de las cosas que dije más adelante, en esa noche, a otra persona, entre beso y beso, fue que si a mi señor abuelo le hubiera venido alguien mientras cargaba sacos de dañinas sustancias químicas en Mirat SA, diciéndole algo parecido, mi abuelo habría dejado el saco en el suelo. Habría arremangado la camisa, y en un revés a rodabrazo le habría saltado la boca hasta Portugal al interfecto. Luego, habría cogido el saco, y hubiera seguido dando de comer al matriarcado que es mi familia materna. Sin mediar una sola palabra, como buen castellano, sin plantearse razón ni hostias.

    Que yo sepa que la visión del otro es errónea per se no hace más bella o certera la mía.

    Kun

    mayo 4, 2009 at 10:00 am

  5. Um. No, si yo entiendo que ser juzgado con esa alegría y ese desconocimiento toca mucho las pelotas, pero sigo pensando que a veces vivimos en un microcosmos ombliguista y pajero, y no viene mal un juicio (aunque sea atrevido y desde el desconocimiento de la materia) para devolvernos un poco la perspectiva.

    No me haga mucho caso, seguramente es que respiro por la herida. He vuelto a currar y el micromundo guionista me satura en seguida. Que sólo es un curro, cojones. Que da igual lo bien (o lo mal) que uno se lo pase haciéndolo. Que no es la vida, que no es real. Grmpfgh.

    Ingram

    mayo 4, 2009 at 12:15 pm

    • Uno de mis fracasos como juntaletras es que no me explico bien, tantas veces. Lo camuflo como “ambiguo”, pero en realidad soy “pichalioso”. No tiene que ver con el pajerismo ombliguista la crítica que títula el post.

      Estoy totalmente de acuerdo contigo, Ing. Pero el “estás desperdiciando tu talento” significa “no estás currando en lo que YO creo que deberías estar currando, porque ni entiendo ni me interesa lo que haces y, en pirueta lógica, es egoísta por tu parte.” Ése era el contexto, más o menos. Esta persona me vio en mis inicios de periodista, cuando escribía sobre cosas serias y mundanas, y llevaba la bandera del periodismo social, y estaba convencido de que una grabadora y unos interrogantes podían cambiar el mundo: cuando fui Spider Jerusalem en versión local, y no me importaba pasar dos días de finde con unos desheredados para que una concejala admitiera que lo estaba haciendo MAL.

      Y con mi vehemencia veinteañera y su columnita de opinión, hubo gente que se creyó que de verdad podía hacerlo. La intérprete entre ellos. Y cuando dije “que le den por culo a todo y a todos, voy a escribir sobre gilipolleces”, quedaron tres personas en mi pasado con la matraca de “desperdicias tu talento”. Ésta es una.

      Y por eso estoy de acuerdo, Ingram. “Salvar el mundo”, que es poco más o menos lo que espera de mí este ser, es un trabajo, no es la vida, no es lo real, y no voy a volver a intentarlo -ni puedo ya, mi currículo es cualquier cosa menos franqueador de redacción de periódicos, menos mal-. Joder, si hasta ser un villano de James Bond ya tiene la vítola de curro denigrante para mí, y es con lo que más me molaría ganarme el pan.

      Kun

      mayo 4, 2009 at 12:50 pm


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