Horas químicas

Archive for agosto 2009

Perseverancia/Rocablanca

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[vitalpost: créanme que éste lo escribo para leerlo yo cada día del mes de septiembre, es mi autopalmada en la espalda en tiempos de crisis. A ustedes, especialmente si no me conocen, les va a parecer aburrido y algo pagado de sí mismo: más o menos como era yo cuando tenía novia]

Ya tengo donde vivir en Madrid: es una habitación pequeña y recóndita, ideal para la privacidad, y nada apta para el amor. Su geografía se ubica entre discotecas, putas y comisarías. Vitalmente, obedece a una serie enorme de serendipias y vidas cruzadas, un reparto coral y magnífico que, paso a paso, me ha llevado allí, sin que (creo) ninguno de los implicados pretendiera que así fuera. Todas las noches que allí duerma, subiré una escalera para llegar a mi cama: es la inversa de mi primer domicilio madrileño, el de San Vicente Ferrer, que me vio todo lo que aquí pretendo recuperar. Mis compañeras de piso (hembras, dos, situación que ha causado la equívoca creencia entre el 90% de mis conocidos de que habrá mambo, y ya me da la risa) creen que soy un ser de fiesta y lilolilo y así me van presentando a su [al parecer enorme] círculo: fiesta y lilolilo. Eso soy yo, pues.

Sin confusiones: voy ahí a retconearme, con la cuenta oscilando entre el rojo y el negro cada día, sin trabajo estable. Después de varios meses viviendo solo en una señora casaza de 60 metros cuadrados, que fue mi castillo, y aquel barrio mi infierno. Voy ahí a hacer vida de calle y salón, y no estar en el zoológico privado que fue esa soledad previa. Voy ahí a escribir y malvivir -tan de la manita-, a ser consciente de que tengo que ganarme las lentejas, a establecer el primer paso de quién soy desde que el odio me ganó la partida como emoción predominante y yo lo recibí con un abrazo de macho.

Y, sobre todo, voy ahí: a recuperar la cercanía a mis amigos, tras mi abandono; a huir de las otras ciudades y sus tentaciones de reinventarme y flirtearlas como desconocidos mutuos; a recordar que yo soy de Madrid porque la ciudad me bautizó en sangre y carne cierto once de marzo; a saber que, cada vez que me amenace el nombre de mujer

(sea en forma de cariño o de congoja, de ñoñismo sin fin o versificación pública, sean cualquiera de mis muchas, otras, malas, adictas, féminas químicas)

ya viviré cerca, a un cruce y una calle Fuencarral en dirección norte, del tanque de café y el cruasánplancha de mi Rocablanca.

Desayunar allí fue mi única rutina durante cinco años. Ya podía caerse el mundo o levitar, despertarme yo como un sólido bloque de carbonita o faltándome piezas de puzzle, asomar el hocico solo o con una compañía intermitente pegada al mismo, tenía el Rocablanca. Por mal o bien que me fuese, esos 25 minutos eran míos y neutros. Y jamás he salido de allí con menos de una sonrisa, aunque durara cinco pasos.

Poder desayunar en el Rocablanca todos los días justifica mi nueva casa y los trabajos con los que tenga que pagar esa dicotomía de cama y cruasán. Es así de simple. Soy así de simple.

Written by Javi Sánchez

agosto 23, 2009 at 10:00 pm

Publicado en Quimicefa

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Princesismos

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“Te dejo que me abraces mientras me cuentas lo del papiloma de *********”

“Me quito el sujetador si me lo dices”

“Háblame de ella mientras me miras las tetas”

Ya no hacen mujeres así.

Written by Javi Sánchez

agosto 17, 2009 at 12:59 pm

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Ciudad fantasma (III): jueves, 16 de noviembre, 2006

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En esto que son las 11:37 de la noche cuando me llama la altísima, rubia, tetona y tremenda hija de uno de los dueños del ********. Se siente eléctrica, odia a los hombres y quiere salir. Me lo dice, estoy eléctrica y os odio: sal y emborráchate conmigo, hazlo. Sabía que estoy en mi ciudad natal. Odio mi otro blog, odio estar tan disociado que no me di cuenta de que avisé de mi presencia aquí. Bebo gratis en la barra de arriba, separado del mundo por un cartel con cadena que pone “privado”. Me besan. Me dejo. Agarro sus enormes tetas, y compruebo para mi sorpresa que me agradan. Será que ya me gustan grandes, que la última mujer que amé las tenía grandes y me he acostumbrado. Pienso que la última niña que me ha tenido en su cama también tenía pechos formidables. Me agarro a sus tetas enormes, pensando en la última mujer que amé, sigo amando, mientras me dicen fóllame, bajo la lluvia. Llueve. No me hace falta llorar mientras llueve. No soltaría jamás sus tetas y su olor, tan cercano al de la última mujer que amo, que me ha mentido, engañado, roto, y yo me follo todo su entorno como un patético amago de venganza.

Media hora más tarde le sujeto el pelo mientras vomita, bajo la lluvia.

Un poco más tarde, contemplo uno de los cuerpazos del siglo, desnudo y postrado de hinojos sobre la taza del baño de sus padres, y me maldigo por encontrar belleza por todas partes. Henry Miller se masturbaría allí mismo, encima de ella, mientras vomita, fijándose en como se apoyan sus tetas sobre el borde de la taza, entre espasmos. Me queda mucho para ser ese hijo de puta, para exigirle una de sus increíbles mamadas mientras está de rodillas, para encularla semiinconsciente. Eso sí, tengo una erección maderera. Pacientemente le seco el pelo, lavo sus dientes con ternura, la meto en la cama, mando un mensaje a mi madre. Duermo a su lado. He oído demasiadas veces la frase “pero tú hazme lo que quieras”. Precisamente. Duermo a su lado, me quedo dormido contemplando su desnudez, sin mordisquear sus pezones, sin comerme su coño dormitante. Hago lo que quiero.

Horas más tarde, una morena guapísima, flequirrecta, de cintura enajulada en pinchos y aún más alta me despierta sentada en la cama diciendo “no te lo vas a creer: pensaba que eras mi padre. ¿Qué tal? Soy *****. Mi hermana se está duchando”. La hermana aparece en sujetador y tanga, sin rastro de la noche anterior, y se sienta al otro lado de la cama. Pienso que un glitch visual impide que ambas se den cuenta de lo incomodísimo que suelo sentirme conociendo gente en calzoncillos. Borren lo último: me incomoda conocer gente, a secas. Me entero de que tiene 19 años. Secretamente, golpeo mi cabeza, tal vez mis genitales, contra un muro imaginario. Durante el desayuno pienso en el café, en nada más que el café. Negro y reflectante. No miro a la niña, no observo sus formas, no me pierdo en sus ojos, no me entrego a la fantasía de follármela en cualquier rincón de esa casa sin padres, en la misma cama deshecha en la que no he follado. La rubia se va de casa sin esperarme. Mientras me pongo el abrigo, veo a la morena bailando en su cuarto, ella sola, a la Velvet Underground. Con Nico. Tengo una erección maderera. Ya no llueve. Me voy.

Recorro las calles fijándome en cada mujer que pasa, dispuesto a encontrarle el morbo a cada mujer que pasa, quedándome con un detalle absolutamente fornicable de cada mujer que pasa. O eso, o estoy enamorado del mundo, no he follado. Un poquito más tarde, ahora, escribo. La chica de la que debería haberme enamorado este verano, que es angulosa y minipectoral, pero tiene los ojos más azules y enormes, también un coqueto acento a medio polvo entre el gallego y el francés, me verá esta noche. El día 5 de diciembre pincho en una fiesta. El 23, no. Todo es raro. Empiezan los wild mood swings.

Uh, oh.

Written by Javi Sánchez

agosto 7, 2009 at 7:50 am

Historias de la ciudad fantasma (I)

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En las últimas dos semanas he entregado mi identidad de internet a una mujer barcelonesa, que se la llevó en una blackberrry a cambio de una noche; he bebido en una herrikotaberna rodeada de bosques (y lo que quiera que oculten) con una bilbaína de visos limitados y sexo mediocre; he padecido alergias y daños sin freno hasta cambiar la piel y el exoesqueleto como las serpientes y las arañas; fui arrinconado con dos piernas fabulosas en un oscuro sofá madrileño hasta sentirme presa y tonto y pasado, todo por cuatro besos; he bailado ilegalmente en un túnel entre luces de colores, también policiales, y de la misma legalidad que el baile fue lo provocado por mi desconocida compañera de baile; y he vuelto durante un mes a mi ciudad natal a ganarme las lentejas, olvidarme de que me han jugado (sin que yo, por una vez, quisiera, no esa noche al menos), y abrirme el cráneo para limpiarlo de cabellos negros antes de caer en la antigualla emocional recurrente.

Y ahora el tiempo se descomprime. Un mes en Salamanca, en agosto, se lo aviso por si se les ocurre, no suele dar ni para un punto y coma del párrafo anterior. No es mi vida, ni puede serla ya: en todo caso esta ciudad es la mayor de mis ex, a la que más quise, y la que más me desgarró la genitalia con anticonceptivos de herrumbre y espino. Hasta el exilio.

Por el lado bueno, no hay boca ni nombre, de ahora o antes, que le aguante la comparación a estas piedras, que pueda haberme dado más o quererme menos. Es como vivir en un esqueleto monumental en el que nada vivo puede tocarme -claro que eso no incluye a lo futurible, tan desconocido que no sé si es vivo o muerto, y ya me está liando la melena negra el teclado otra vez, joder-.

Por el lado malo, vivía a golpe de blues hipertrofiado a toda hostia, y el cambio de velocidad repentino, ya lo dicen los anuncios, es garantía de accidente. Voy a tener que fumar muchos cigarrillos y escribir demasiado para que estos días lentos y cableados pasen rápidos.

PD: Me pide una amiga cercana un riff-raff de posts de odio y escupituits ante lo ya sabido: la mierda inherente a toda relación de pareja. Pero, para qué si, por un lado, ella lo hace -el odio y el escupitajo- con rabia de lolita

(inciso, ¿será el lolitismo en las mujeres lo que el peterpanismo en los hombres? Qué referentes tan dispares para el “I don’t wanna grow up”)

y con el cadáver tan reciente que aún se lo puede follar porque no huele a cochambre. Por otro lado, todo esto del amorío pertenece a las verdades -o engaños- de cada cual. Ni siquiera tengo nada reciente que me empuje a ese tono: tengo a zorratumor a un océano de distancia -literal, con agua y husos horarios de por medio; vive a casi medio día mío, y eso es todo lo que sé y quiero saber de ella-, y ninguno de mis variados y extraños polvos me lleva a la rabia. Todo lo más a la desgana.

Written by Javi Sánchez

agosto 4, 2009 at 1:23 pm

Publicado en Trámite, Ñoñokun

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Cabreo de tres pares…

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…y resistencia absoluta a no volver a lo de antes. Que debería empezar, además, por buscarme un nuevo nick que no me marque de antemano.

Un placer. Para mí, al menos. Sean felices, sean solteros.

Written by Javi Sánchez

agosto 2, 2009 at 6:20 am

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