Horas químicas

Archive for noviembre 2011

Las dos primeras fotos

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Temo y detesto a Arianna Huffington, pero sería imbécil si no reconociera lo que ha hecho: convertir un portal de blogs en “el nuevo nuevo periodismo”. The Huffington Post es una cosa basada en la información política tirando a babor (a lo que entienden los yanquis como tal) y la opinión a cascoporro mediante firmas y más firmas, en las que conviven perfectos semidesconocidos con los gurús demócratas de turno.  Temo y destesto a la Huff’ porque me parece una pesetor de cuidado, que pregona a Keynes mientras busca fórmulas para no pagar a sus colaboradores (con “el viejo viejo editorialismo” de oyetútepromociono) y al mismo tiempo se embolsa 315 millones de dólares panoja en mano tras un acuerdo con AOL.

Pero creo que hay algo por lo que el HuffPo’ funciona tan bien:

Foto “a cinco” haga sol o truene

Huffington Post siempre abre con una fotarraca y un titular como si se acabara el mundo. Los plumillas, por deformación, tendemos a pasar de las fotos que da gusto, un mal hábito que reconozco y quiero romper, que para algo tengo pareja fotógrafa. Además, el único sitio en el que a día de hoy hago noticias a diario nos tiene (a John Tones y a mí) bien leída la cartilla: ninguna noticia sin foto o vídeo. Me cuesta habituarme (y eso que me tiré seis añitos en una revista en la que la imagen determinaba el contenido), pero tienen razón. Esto es Internet, coño, es la Esparta audiovisual: el relato del mundo  ha de entrar por los ojos, como las mayúsculas de La Historia Interminable.

Y todo esto viene por mi paseo matutino por la prensa digital española. Llevo un tiempo indignado con el creciente espacio dedicado por TODAS las cabeceras a los deportes, que ya suponen entre un cuarto y un tercio, siendo generosos, de la portada diaria. Imagino que a modo de azucarillo para el asco nuestro de cada día: pasará mejor, pasará mejor. Así que hoy estaba sacando capturas de las cabeceras nacionales para enfadarme mucho con esto del espacio dedicado al deporte cuando me di cuenta: ay, las fotos, el relato del mundo, que se viene abajo y lo único que entra por los ojos es hierba y gente en pantalones cortos al primer vistazo, o ni siquiera. Supongo que las cosas en iPad serán distintas, pero el iPad es luego y élite y cántaro lechero, y la prensa debería ocuparse de llegar con vida al luego, recordar un poquito quién le daba de comer y por qué se ponen fotos: puede que la gente ya no sea analfabeta integral pero, narrativamente, la eme con la a como que no.

Así que me propuse buscar las dos primeras fotos que se ven al cargar la página, sin hacer trampas como en la captura del HuffPo’, donde bajé un poquito para sacar la foto entera (pero aún así se ve más de la mitad de primeras). Para sacar de un PrtScr qué entienden visualmente los periódicos sobre el está pasando, lo estás viendo. Vean el panorama:

EL PAÍS: 1- Fútbol.  1,5- en Eskup, un trocito de avión en el que ha “llegafo” alguien a algún sitio. Es sólo fotonoticia, no tiene información adicional, no está relacionada con nada que podamos ver a simple vista, hay que bajar para entender qué es o por qué importa. Pero eh, esa columna funciona como un canal de teletipos, no me hagan caso.

El Mundo: 1 -Fútbol. 2- Fútbol. Estoy cantando mentalmente el estribillo de Alta Fidelidad de Lori Meyers, por cierto.

La Vanguardia: 1-Fútbol. 2-Vídeo de una folkie. Alegría. Y “tensiones de tesorería” va a ser mi eufemismo-villancico de estas Navidades: encaja perfectamente con “campana sobre campaaaana”.  Por otro lado, ¿ven el peluco? ¿El mismo que había en El Mundo?  Es un widget publicitario: Omega patrocina LA HORA DEL DÍA. A pesar de que está abajo a la derecha en mi ordenador, en formato digital y más legible.

ABC: 1- ¡El test de Jacko, queridas amigas del consultorio SuperPop!. 2-Fútbol. 2,5-La calva del señor que mató a Jacko con sus poderes prescriptores. Y, por favor, vayan leyendo a la izquierda lo que está pasando en el mundo real mientras las fotos hacen de orquesta del Titanic. Sé que jode, pero eh.

El Periódico: 0-El silencio visual. Por cierto, ese espacio blanco de arriba tiene un banner, sí, pero sólo para la edición catalana. Con su concepto de la imagen, El Periódico es ese amigo que le preguntas quétalunascañas y media hora más tarde estás pidiendo orujos a ver si lo tumbas y se calla.

No meto La Razón porque no lo considero un periódico.

Ya fuera, The Guardian tiene un fotón de una huelga (vaya, parece que hay una imagen que coincide con la narrativa de los titulares) y una pequeña deportiva. Un fotón como éste:

Le Monde: 1,2,3,4- Huelga (otra vez, va-ya), Irán, más cosas. Ese contenedor de Le Monde carga cada pocos segundos las principales noticias y sus fotos correspondientes. 5- Johnny Depp teme y detesta en Las Vegas. No hay columna de deportes porque sí. :_) Hasta hoy no me había dado cuenta de que los portugueses cogieron el término “huelga” directamente del francés, por cierto.

En The New York Times son unos pesaos y lo han sido toda su vida, pero como sí es un periódico elitista se lo perdono a ellos, y a ustedes la captura: es el único digital que parece una sábana hasta en una pantalluca y la única foto de hoy es de una casita campestre, a tope con el dinamismo. The Boston Globe, conocidos por su maravillosa The Big Picture, llevan una foto de tascas y otra de deportes. Etcétera, etcétera. Y luego nos sorprendemos de que Arianna Huffington lo esté petando con el expeditivo método de dar cada día una hostia en la retina.

Written by Javi Sánchez

noviembre 30, 2011 at 7:26 am

Publicado en Fotochop

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La cola del Dia me quita las ganas de vivir

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Tuiteo hace diez horas el título de este post y es cierto: cierto cuando lo escribo, cierto cuando lo dejo reposar y ceno lo comprado y duermo y me despierto sin ganas de vivir porque me las quitó la cola del Dia de la calle de Barceló, espanto de humanidad porosa y supurante. Un trozo bien grande de gouda, una coca-cola zero de dos litros, un calefactor gigante de lado a lado en las cajas atizando a los cajeros como pollos en lento asar, o amalgamas de pollo, cajeros pre kebab que se piden la botella de agua entre ellos.

Ya desde antes se pierden las ganas, las arrebata la entrada con el negro pobre que te dice amigou mientras mece, por alguna razón que se me escapa, un cochecito de niño blanco. Las cercena la presión de las estanterías maximizadas donde las personas sólo pueden penar sin retroceso, el viacrucis de los desayunos, el de las latas, el de los precocinados y así hasta el gólgota, donde aguarda el werepollo crucificado a caja gayola en la calefacción infame. Que te va a sudar el gouda, la coca-cola, las propias ganas de vivir te las va a sudar como emisario de la política humana del Dia: un calefactor delegando en su cajero el asco de la mano tumefacta y húmeda sobre el muslito pre púber de la compra, tan personal como la puta alma, si bien real y valiosa.

La cola del Dia nos hace a los procesantes mezquinos por contagio, aunque sea por el mínimo roce social, la interacción obligatoria con ese tipo de gente que sólo lleva unas natillas y les dejas pasar y ya que han pasado piden una recarga del móvil puede que por algo mucho peor que por joder al que le ha cedido el turno: porque ven natural, porque es conducta recargar el móvil en el Dia. Claro que es conducta, cómo canta los números, que se los sabe, que da igual que el cajero no los pille al vuelo y repetirlos a la misma velocidad y a la misma y otra vez, sosteniéndote la mirada y las natillas que compró, con ese encogimiento de algo, que no es ni de hombros: qué culpa tiene él, con lo mucho que recarga en el Dia, de que aún no se sepan el número. Por detrás el mugido y la protesta y la algarabía y ahí en chiqueros el jodido gouda, la coca-cola de las narices, el encajonado, el por qué [no compré en los chinos] a los cielos, el emputecimiento y ya en murmullito, como de pis, las ganas de vivir que se pierden, se mean patabajo: ése es el suelo pegajoso del Dia, ánimos de España filtrados por la uretra.

Luego, en la puerta, pensando en romperle la cabeza al de las natillas, como acto de afirmación, como única vía para recuperar lo bello y lo deseado, como ritual purificador al bañar el gouda y la cocacola y las monedas de la vuelta en su sangre para quitarle el sudor maldito del cajero pollo, me lo encuentro. Se va, se está yendo, se ha ido dándole 10 céntimos 10 al negro amigou y llevándose el cochecito del bebé blanco que llora tanto como frío hace. Blanco como el rapado natillero que no llegará a los 20 años y recarga el móvil en el Dia de la Calle Barceló. Y entonces no, me voy a casa y no le parto la cabeza con su móvil ni le tapono la tráquea con sus propias natillas hasta que se ponga azul y muera, no sea que alguien confunda su muerte con un acto de justicia, puede que hasta de humanidad.

Written by Javi Sánchez

noviembre 29, 2011 at 6:08 am

Publicado en De buen rollo

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