Horas químicas

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Por favor, abre bien esa ventana

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El único libro de poesía que me llevaría a una pelea clandestina es “Cielos e inviernos”, de Ramón Irigoyen.

Para esta hora

Decir adiós, cuando uno aún no es viejo,
es como oler un perfume de hierbas
por la mañana, antes de ir al trabajo.
El baño se convierte en una sierra
anticipadamente fatigada.
El frasco de perfume es el emblema
de la montaña con tufillo a tinta
y en el espejo aletea un nardo
con las alas pisadas por la lluvia.
En el lavabo se ahogan unos tordos
que no pueden soltarse la corbata.

Decir adiós, cuando uno aún tiene ganas
de seguir por ahí a ver qué ocurre,
es respirar un humo que enamora,
por más que el humo, cuando es augurio
feliz, siempre lo es a corto plazo.
Aspirar hasta dentro el humo ese
es zambullirse en un río de soles
y sacarse un pañuelo del bolsillo
y alzar la mano a un árbol ya maduro
y limpiarle a la fruta los venenos
ante el asombro de las mariposas
que estaban ya poniéndose mohínas
al presentir en ese gesto
la tristeza de toda despedida.

Decir adiós, cuando uno tiene amor,
es imposible, pues los pies se agarran
a unos brazos con piel de golondrina
y uno se pierde en esos ojos grandes
y se esconde en el cielo de la boca
y siente que le nacen mil raíces
tan pobladas de pájaros y pájaras
que quiere aquí quedarse para siempre.
Decir adiós, estando enamorado,
es algo falso que la sangre niega.

Por eso hoy que estoy bien afincado,
nada puedo decir para esta hora,
aunque presiento oscuramente que
si muero en casa y alguien me acompaña,
le haré esta simple súplica:
por favor, abre bien esa ventana.

Written by Javi Sánchez

junio 6, 2010 at 5:10 am

Publicado en Ñoñokun, Poesía

Historias de la ciudad fantasma (I)

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En las últimas dos semanas he entregado mi identidad de internet a una mujer barcelonesa, que se la llevó en una blackberrry a cambio de una noche; he bebido en una herrikotaberna rodeada de bosques (y lo que quiera que oculten) con una bilbaína de visos limitados y sexo mediocre; he padecido alergias y daños sin freno hasta cambiar la piel y el exoesqueleto como las serpientes y las arañas; fui arrinconado con dos piernas fabulosas en un oscuro sofá madrileño hasta sentirme presa y tonto y pasado, todo por cuatro besos; he bailado ilegalmente en un túnel entre luces de colores, también policiales, y de la misma legalidad que el baile fue lo provocado por mi desconocida compañera de baile; y he vuelto durante un mes a mi ciudad natal a ganarme las lentejas, olvidarme de que me han jugado (sin que yo, por una vez, quisiera, no esa noche al menos), y abrirme el cráneo para limpiarlo de cabellos negros antes de caer en la antigualla emocional recurrente.

Y ahora el tiempo se descomprime. Un mes en Salamanca, en agosto, se lo aviso por si se les ocurre, no suele dar ni para un punto y coma del párrafo anterior. No es mi vida, ni puede serla ya: en todo caso esta ciudad es la mayor de mis ex, a la que más quise, y la que más me desgarró la genitalia con anticonceptivos de herrumbre y espino. Hasta el exilio.

Por el lado bueno, no hay boca ni nombre, de ahora o antes, que le aguante la comparación a estas piedras, que pueda haberme dado más o quererme menos. Es como vivir en un esqueleto monumental en el que nada vivo puede tocarme -claro que eso no incluye a lo futurible, tan desconocido que no sé si es vivo o muerto, y ya me está liando la melena negra el teclado otra vez, joder-.

Por el lado malo, vivía a golpe de blues hipertrofiado a toda hostia, y el cambio de velocidad repentino, ya lo dicen los anuncios, es garantía de accidente. Voy a tener que fumar muchos cigarrillos y escribir demasiado para que estos días lentos y cableados pasen rápidos.

PD: Me pide una amiga cercana un riff-raff de posts de odio y escupituits ante lo ya sabido: la mierda inherente a toda relación de pareja. Pero, para qué si, por un lado, ella lo hace -el odio y el escupitajo- con rabia de lolita

(inciso, ¿será el lolitismo en las mujeres lo que el peterpanismo en los hombres? Qué referentes tan dispares para el “I don’t wanna grow up”)

y con el cadáver tan reciente que aún se lo puede follar porque no huele a cochambre. Por otro lado, todo esto del amorío pertenece a las verdades -o engaños- de cada cual. Ni siquiera tengo nada reciente que me empuje a ese tono: tengo a zorratumor a un océano de distancia -literal, con agua y husos horarios de por medio; vive a casi medio día mío, y eso es todo lo que sé y quiero saber de ella-, y ninguno de mis variados y extraños polvos me lleva a la rabia. Todo lo más a la desgana.

Written by Javi Sánchez

agosto 4, 2009 at 1:23 pm

Publicado en Ñoñokun, Trámite

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No es un tuit!

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Me han arrancado el corazón y lo han sustituido por la primavera entera.

Written by Javi Sánchez

mayo 4, 2009 at 6:18 am

Publicado en Ñoñokun

La verdad ya no existe/Lo tuyo es puto teatro

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kirkleia[Inserte aquí su lúbrica fanfiction]

Ando por la vida picoteándolo todo, como un pajarillo negro en un bosque de ahorcados. No me centro, es difícil. No tengo todavía un trabajo digno de tal nombre -que, por definición, es algo indigno y sucio-, y la dualidad bofetada/caricia que ha emprendido conmigo la vida, desde que Zorratumor se cagó de mi biografía, me tiene trastabillando hasta el punto que ya confundo la hostia con el mimo, tanto de ambos hay, tan seguidos, tan veloces, tan parecidos a veces.

Tan escasa la respuesta emocional o pavloviana por mi parte a la hostia o la caricia, todo hay que decirlo.

Me hace gracia, en un buen sentido, como gente [y donde pone gente, pongan mujeres] que desconoce mi biografía por completo va escalando los dos o tres apoyos que mi persona no empática siempre deja accesibles (vías de comunicación, poco más, en las que ni mesuro ni desato al contestar). Me hace gracia porque soy altamente hipotético -también imaginario: c’est ne pas un blog-, pero sólo de mis hipótesis. Y me sorprende la gente [y donde pone gente…], la que semanas más tarde te escribe, y te busca, ehm, un Algo Más, una respuesta, una oportunidad, una ilusión, una tontería, un momentito de intervalo entre el aquí y el ahora en el que poder gilisoñar -y no es malo para el ego que giliensoñen con uno, aunque uno sea desconocido, poco más que secundario exposicional, muy muy por deabajo de un deus ex machina en los resortes fáciles-.

No es malo. Yo gilisueño mucho, fíjense sólo en mi fin de semana, que me dejó gilisueños de amor motorizado y bello desde el viernes; tengo gilipesadillas plásticas lubricadas desde la mañana del sábado; tengo giliensoñaciones de tarde de domingo en las que la vida da por culo a mi ex como una dodecupla penetración anal simultánea, que las once anteriores ya están allí por su sacroputa voluntad. Tengo gilianhelos de 21 años; tontilucinaciones de edad desconocida y voz indolente; idiolizaciones propias de la treintena, de la mía; chorriansias de mediana talla y generoso escote; bobonsalmos en los que letanizo uno o varios nombres en nombre de la primavera o la gripe porcina.

O no, y me lo estoy inventando todo, y nunca tuve una ex que así la coman los cuervos cuando finalmente se ahorque -no se suicide, se ahorque-, y mueran los cuervos con el veneno e inventen un nuevo Aporkalypse con su carne miasmática, su nombre miasma, todo su ser pernicio propio y ajeno, sea maldita hasta por los dioses que no rezo.

O no, y me lo estoy inventando todo, y no me enamoré fugazmente bajo un golpe de Stendhal kinemático, al enmarcarse muy realmente la narración de su voz con la de su persona con la de mil vehículos derramándose por todas partes, jugando -los muy cabrones- a enlazarse con mi anterior post sobre Ballard, coches, sexo.

O no nada, onanismo, tanto da, si yo iba a empezar este post con una sola y triste foto, a decirles que la verdad ya no existe, que todo puede ser inventado y revisado, y que ese universo ficticio que crea la mentira -cuando bien se hace y se fabula- es incluso más atractivo a veces:

kirkleiaEsto no es canon, ni universo extendido.

Written by Javi Sánchez

abril 29, 2009 at 6:08 am

Las tuberías de Super Mario

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Cómo será todo que sueño con Madrid como si estuviera hecha de vainilla, cocaína y cara interna del muslo de mujer. Cómo será que no cesa la lluvia, y maniáticamente pestañeo que soy su causa, o su efecto: que existe la lluvia para que me retenga en casa y no conozca de Salamanca más que la noche o el gris, tan intercambiables de un tiempo a esta parte. Y no me deslumbra el brillo de la calle, que no veo a nadie si no es sin sol y nieblas nicotina en puertas cerradas. Cómo será que ya no juego con píxeles sino con pequeñas vidas. Y hago las paces, sonrío siempre, dejo que hablen de mí -dejo que hablen de mí, y sonrío en paz: no me entero, estoy bailando, estoy besando, estoy mezclando, estoy bebiendo. Estoy escuchando y sonrío-, esperando.

Cómo será que ya rezo por ver tras el túnel de Guadarrama la cúpula de mierda y muerte pulmonar que engloba Madrid, protegiéndola del cielo y el bienestar. Y abrazarme a ella, inspirar bien hondo y doblemente al bajar del autobús -la primera calada, el primer respirar de Madrid en tanto tiempo, y ver cuál de los dos es más nocivo, amando ambos, ¿cómo voy a elegir, si son mis muertes, mis muy pequeñas muertes de humo y ácido y ceniza?-.

Cómo será que lo espero todo, el paro y el miedo, la calle y mi antiguo barrio caminando, las mañanas del Rocablanca que retomaré -así tenga que levantarme a las 6 para desayunar allí otra vez, no hay día sin un desayuno en el Rocablanca de Fuencarral. No ha habido días desde que me fui del barrio y no desayuno así, a 3.700 metros de falta de Rocablanca, sus enormes cruásanes, su mal café servido en tanque, las vivencias que de allí me surgen y me pertenecen: no quiero ese bar como algo ex de mi vida, y de pasarle algo le lloraría como a una mujer de las que pueden llorarse y no vomitarlas como cuchillas de afeitar mal tragadas-.

Cómo será, así, mi vida, que tontunamente pongo todas mis esperanzas en volver a casa, y allí libremente ser Madrid y yo: la mierda de perro, los halcones del edificio de Telefónica, la públicas carencias, los pasos largos cuando han cerrado la noche sin motivo alguno, y clavarme en las retinas, hasta sangrarlos,  el millón de rostros descompuestos y artificiales que espectrean la ciudad que nadie, en su sano juicio, desearía devorar.

No seré yo hasta que no te pise, Madrid, y pise contigo a quien quiera impedirlo. Así que pasaré por encima de los días, de los coches, de los kilómetros, de los imbéciles, de mis propias dudas, de las cuentas bancarias, de los deseos de otros para poder quitarme las botas -que ya tuvieron gente pegada a ellas, de forma literal-, el resto de la ropa y mentir a la ciudad desnuda que no es mierda, mal rollo, asfalto bacheado lo que huelo, respiro, palpo. Que estás hecha de vainilla, cocaína y cara interna de muslo de mujer para nos, productores de ceniza

Written by Javi Sánchez

abril 15, 2009 at 1:21 pm

Publicado en Ñoñokun

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