Horas químicas

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He visto el futuro y da grima, tercera parte. El futuro no es culpa tuya, Milo.

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Estamos en el año 2011. La crisis económica ha dado paso a una crisis social cuyas consecuencias están por ver en los países occidentales. Las últimas elecciones se han saldado con una abstención de casi el 70% del electorado, y ya surgen nuevos partidos de ideologías extremas intentando pescar en el caladero del descontento. Tras una tarde de trabajo en el Plan U (parados de larga duración trabajando a tiempo parcial en tareas de mantenimiento urbano, enésima apuesta pública que aún está por dar sus frutos en un país donde la tasa de paro supera el 26%), Juan Nadie vuelve a casa dolorido.

Juan Nadie habla tres idiomas (aunque escribe el suyo con faltas de ortografía), es triple licenciado por una cara universidad privada, y estudia un nuevo posgrado en las mañanas, también pagado con dinero público. Tiene 37 años, y trapichea por internet compravendiendo “material” en suBay y otras páginas. Nunca ha tenido un trabajo estable. Cuando los alquileres se desplomaron en otoño de 2010, dejó por primera vez la casa de sus padres. Sólo se llevó consigo la 360 y la tele del salón. Y a Milo.

Nadie enciende la televisión con el mando, y reactiva la consola con un gesto. Está de pie frente a su Samsung de 42 pulgadas. Sólo se ha quitado la chaqueta mientras saluda. Hola, Milo

En la pantalla se encuentra la atemorizada representación virtual de un niño británico de unos 10 años. La textura de los polígonos de las mejillas muestra manchas de restos de lágrimas anteriores, complejos cálculos físicos que tanto irritaron a Juan Nadie cuando se produjeron por primera vez. Ahora, ya no le importa, mientras le pregunta ¿hoy tampoco quieres jugar?

Milo trata de resistirse a su programación. Le crearon para ser simpático y travieso, para empatizar con jugadoras de wii y rubias en la tardotreintena. Juan compró el juego de primera mano, el día de lanzamiento. Para mi novia, guiñó cómplice al dependiente, que ya se imaginaba el estereotipo. Aunque Juan Nadie nunca ha tenido novia.

Hola, Juan, qué tal tu día, dice Milo con voz impostadamente alegre. Sus algoritmos aún no saben lo que es el odio, pero lo que calcula hacia Juan sólo es superado por lo que computa sobre sí mismo, al tener que contestarle. El no poder implementar esas reacciones hace que su rostro sólo muestre dos emociones: miedo y confusión, siempre de forma alterna.

Ha sido una mierda de día, Milo, dice Juan Nadie desabrochándose la camisa. He tenido que podar árboles. Trabajando con gentuza. Pero tú no sabes lo que es la gentuza. Tú no sabes lo que es trabajar por una miseria, ni hacerte viejo, ni tener a un mocoso desobediente como único amigo. Tú no sabes nada, Milo. Tu vida es perfecta, dice, y los pantalones tocan el suelo. Ni siquiera se ha descalzado.

¿Quieres pescar, Juan? Por favor, vamos a pescar. Por favor, repite.

No, Milo, hoy quiero enseñarte algo.

Juan, no me gusta. No me gustan las cosas que me enseñas. ¿Quieres ayudarme con los deberes?

No, quiero que cojas esto. Escanea esto, Milo. Hazlo por mí. Cógelo, señala. Una campanilla indica que el escaneo se ha completado con éxito, y Milo lo coge. Lo observa. Lo analiza. En un momento imprevisto por su creador, Milo desarrolla un nuevo patrón de palabras, una idea extrapolada que no figuraba en su programación inicial.

Desconéctame, Juan. Quiero que me borres.

No, Milo, he pagado dinero por ti, ¿entiendes? Eres mío. Pago tu electricidad. Me perteneces. Y ahora, Milo, quiero que lo muevas.

Y Milo mueve el escaneo al unísono con Juan, mientras en la casa sólo se oye la triple armonía de la respiración de Juan Nadie, los sollozos de Milo en la pantalla y el ventilador de la Xbox 360 eternamente encendida.

PD:powerpack

Written by Javi Sánchez

junio 3, 2009 at 2:48 pm

“Estás desperdiciando tu talento”

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La frase, evidentemente, no es mía, pero a mí iba dirigida. Por una persona monovital, sin mayores intenciones. Y no, no es de ayer. Lo que más me jode es que vino a cuenta de Mondo Píxel [el increíble volumen 2 de los mejores textos sobre ocio electrónico se acerca, malandrines] y  mi doble felicidad por su existencia, y mi participación en la misma.

Evidentemente, la persona que lo dijo no tiene ni puta idea ni interés alguno por el tema, y lo mejor que se puede decir de ella es que es muy siglo XX. No vamos a hablar aquí de cuáles son sus talentos -uno, porque sólo tiene uno-, ni tampoco de sus limitaciones, porque la frase es, en sí, una frontera norcoreana que dice mucho sobre el interior de la persona y la zona desmilitarizada que es su neocórtex, donde no crece ni el arroz.

(Por otro lado, me han alabado el talento este fin de semana,  a obra puesta, y no vean lo bien qué sienta. Especialmente, porque con el halago encima, me doy cuenta de dónde están las carencias y sigo metiendo llave inglesa hasta que lo escrito sea tan preciso como la pelvis de Elvis repicando en doce compases. Si tuviera que ofrecerles un único aforismo al estilo clásico, les diría: sean siempre dignos de las alabanzas que les depositen. Es buena filosofía.

De nada, por cierto.)

Miren, no soy de esos egocéntricos que le regalarían a su madre Mondo-Píxel por el día de la Ídem (una Samsung 19 pulgadas, sí, te quiero mucho, y parir mi cabezón sin cesárea tuvo que ser ciertamente jodido).  No lo necesito, no es mi madre u otros públicos no objetivos quienes tienen que apreciarlo. Soy de los otros egocéntricos: a los que les gusta lo que hacen y lo relativo a lo que hacen, y bien está que sea así para ellos. y sus pares. Sí que evangelizo a veces con los videojuegos, quién no, pero no se me ocurriría que porque alguien escriba acojonantes análisis sobre las eddas nórdicas -cosa que ni me va ni me viene-, esa persona estuviera desperdiciando su talento por no preocuparse por los entresijos comunicativos del Wiimote -si, además, sólo cambia el objeto de estudio-.

Aparte -y perdonen que no lo dialogue, estas son las explicaciones que di con cierto cabreo, pero estoy pariendo guiones en camada y estoy saturado de esa forma de expresión escrita-, el talento. Me siento un cráneo previlegiado por compartir firma con tipos tan absolutamente impresionantes como la plana pixelera. Y lo que no es firma. Es bonito, porque la sensación de orgullo, innovación y exploración de nuevos caminos es una constante. Es una hermosa colección de egos, pero muy bien puestos y agradables. Mi talento es haber conseguido estar al lado de ellos sin sonrojo, y con la misma admiración del primer día.

Que una personita de vida sin esquinas ni curvas, del grosor de un punto, me venga emitiendo ciertos juicios de valor, (y más después de saborear el viernes que soy mucho más rico en conocidos que en conocimientos, y que se dan la manita en tantos casos), no molesta. Pero ofende, y me hace pensar: estoy hasta mis viriles y no vasectomizados testes de tener que andar justificando mi actividad mental y manual -disculpar la masturbación, a estas alturas, quiá-, de pedir disculpas por saber hacer bien lo que sé hacer (y esfuerzo cuesta: cada día intento ser un poquito mejor, y desde el apocalips-ex, trato de ser la mejor persona que pueda ser. Por joder, también, para que haga mella la comparación biográfica hasta que ella sea antítesis de mí por debajo, pero eh), de encontrarme bloqueos por doquier por parte de gente que objetivamente es mediocre en comparación conmigo.

Y de que cada vez que comparto mantel, birra o baile con cada uno de mis brillantes conocidos, tenga la sensación de que así es, más o menos para todos. Es cierto, pues: estoy -estamos- desperdiciando nuestros talentos. Viviendo en un país donde la envidia y la ignorancia compiten cada día por ver cuál de las dos será discurso único. Tratando con personitas a las que todo les viene grande y que, como no escribo best-sellers ni hago crónicas políticas, piensan que me desperdicio (nada malo en esas dos dedicaciones, por dios).

Pero bueno, dos dudas que me quedaron. Una, ¿es mi talento escribir novelas o hacer periodismo de alcachofa? ¿O es la capacidad de humillar, aplastar mentalmente, reducir a cero al interlocutor cuando me busca el ninja? ¿Y si mi talento fuera el asesinato como bella arte? ¿Debería desarrollarlo en lugar de teorizar sobre semiologías interactivas?

Y dos, interlocutora: ¿estás curando el cáncer, inventando nuevos transistores, salvando negritos del tercer mundo hasta que se extingan las pobres moscas que los afligen -como se extingue la ladilla por la popularización del chocho a la brasileña: no se rían, hay estudios sobre ello. Pagados con impuestos-, revolucionando la dependencia energética del pudding de dinosaurio, inventando la erección constante, testando la píldora mágica de inagotable sabor a vainilla, fusionando átomos en frío, desarrollando la necesaria teleportación, acercando el futuro a nuestras conexiones neuronales, implantando Google en nuestros brazos, calculando el algoritmo del amor eterno, demostrando o negando de forma definitiva la existencia cuántica de DIOS, haciéndonos inmortales, liando cigarrillos que no maten ni dejen el pulmón como si la ex se hubiera cortado las uñas en la pleura, avanzando el mundo con tu paso y pulso?

No.

Pues estamos en las mismas. Yo, al menos, no tengo problemas con la inutilidad de mis textos en comparación con todas esas necesidades humanas de primer orden. La vida es, en sí, bastante inútil. Un talento desperdiciado, cada vida, si al final se acaba.

Written by Javi Sánchez

mayo 3, 2009 at 10:12 am

Publicado en De buen rollo

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autobombo

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Como con esta fiebre no me da para NADA que no sea terminar el guión de una charleta que tengo que dar el viernes, aprovecho para autobombearme. Primero, lean esto. ¿Ya? Pues eso, viernes, 19:30, Paseo de la Chopera 14, etcétera.

¿Y de qué va eso de carne, plástico, silicio? ¿Y quién es Javi Sánchez?

Pues le cuento lo mismo que van a leer el resto de asistentes:

Carne, plástico, silicio.

Un repaso muy poco romántico a los mayores escollos y únicos traductores posible en nuestra relación con los juegos y las máquinas: los mandos. El canal de comunicación entre hombre y máquina, al que aún le queda mucho camino. Además de examinar qué se esconde entre nuestro cerebro, el plástico y la imagen en el monitor, se hablará de los tiempos en el que un japonés se ganaba la vida porque podía pulsar un botón 16 veces por segundo. También de la actualidad, que parece limitada a agitar trozos de plástico o aporrear notas de colores en una guitarra de juguete. La charla incluirá fracasos empresariales estrepitosos, extrañas prohibiciones de Nintendo, y al menos una recreación de un pope británico del videojuego subido de rodillas en un sillón mientras jura o perjura que Dios es un puntero de ratón.

Javi Sánchez se dedica a escribir, redactar, guionizar y demás verbos. Prefiere escribir y discurrir sobre cultura, comunicación y sociedad. A veces lo hace en ese orden, y a veces se gana la vida así. Ha colaborado con revistas de distinto formato, país y calibre, con periódicos locales de Castilla y León, también de Galicia; ha elaborado ensayos y catálogos para galerías de arte e instituciones artísticas y universitarias; ha entrevistado a mucha gente en dos idiomas; ha participado en varios libros, sesudos y ligeros, sobre cultura pop, cómic y videojuegos -incluyendo Mondo Píxel-, para España y Estados Unidos; y a veces también ha publicado algo de poesía, relato corto, y demás géneros menores. Nació en Salamanca hace más de treinta años. Estudió Ciencias de la Información en esa ciudad, y luego en Madrid, donde reside, aunque a veces añora Londres. La única certeza que posee es que jamás volverá a escribir en una sección de sucesos.

Vengan a vernos. Se lo van a pasar mejor que fumando basuco y crack delante de la tele.

Written by Javi Sánchez

abril 22, 2009 at 3:27 pm

This actually happened, people!!

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-Si me demuestras que no eres como los otros tíos, tendrás lo que quieres.

-¿No se te ha ocurrido pensar que, si no soy como los otros tíos, a lo mejor no quiero lo que quieren ellos?

-Uh… ¿Qué?

-Y, además, por qué tengo que demostrarte que no soy como “los otros tíos”. ¿Qué otros tíos? ¿Te has liado con todos los tíos del largo universo para saber cuáles son los otros, y cuáles los que no son como los otros? ¿Sólo hay dos categorías de tíos: los otros y los que no son los otros?

-No, no, yo sólo…

-Debería haber una tercera, ¿no? “Los tíos”, a secas. Luego estarían “los otros”, y ya si me apuras, “los que no son como los otros”. ¿Y los gays?

-¿Qué pasa con los gays?

-Exacto. ¿No son tíos? ¿O es que sólo cuentas a los tíos heterosexuales? ¿Son los heterosexuales como los otros? ¿Cómo los divides? ¿Cuáles son las categorías?

-Pero es que a mí me han hecho mucho daño.

-¿Quiénes?

-Los tíos.

-¿Todos? ¿Los otros? ¿Los gays?

-No…

-Y es más, si tú quieres darme lo que no le darías a los otros tíos que si lo quieren, ¿por qué iba yo a querer que me dieras eso mismo? A lo mejor eso es lo que me darían las otras tías. Y, si yo no soy como el resto de los tíos, puede que no quiera que me des lo que les darías a ellos. Y puedo querer que me demuestres que no eres como las otras tías antes de darte lo que tú quieres, que no es ni más ni menos que lo que te dan los otros tíos, previa demostración de que no lo son.

-No entiendo nada.

-Pues es tu puta lógica circular.

-…

-¿Sí?

-¿Quieres subir a mi casa?

Written by Javi Sánchez

abril 8, 2009 at 12:04 pm

Publicado en De buen rollo

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