Horas químicas

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Agárrense que vienen curvas

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Venía de Salamanca a Madrid en un autobús que he montado mil veces, tal vez mil, sí. Como las amantes de larga duración, ese viaje suele ser más agradable que placentero, más cómodo que lujurioso. Pero hoy ha cambiado la cosa, teníamos obras y desvíos, caminos secundarios de nuevos paisajes, con los árboles a medio hojarse, con pequeñas lagunas recónditas de las que nadie me habló -o yo no presté interés, que bucólico lo soy en microdescargas-. Ya cerca del presumible orgasmo estacional, hemos accedido a Madrid por otra ruta, en la que he visto cementerios y niños y animales y postalitas que no imaginaba que se escondieran entre el túnel de Guadarrama y la burbuja monóxida. El viaje de siempre dejó de serlo por sorpresa, accidente o infraestructura, y se ha convertido en un nuevo e imprevisto polvo. Tan bello, que no pienso repetirlo por lo menos en un mes: aquí estoy y aquí me quedo, sobre todo para lo que me queda aquí si no me sonríe la crisis.

También, vengo con la ternura como segunda capa de piel bajo mi dermatitis alérgica. Con la sonrisa en la recámara para disparar de vuelta a las sonrisas féminas. Volviendo a los discos que yacían bajo la mierda, la inquina, la ex. Con ganas de suspirito y tontería, así tenga que inventármelos o confundirlos como unas tags inapropiadas.

Y he pensado que esto (que ni avanza ni retrocede con respecto a mi Quimicefa original y sabe dónde va tanto como sé yo dónde van mi corazón ausente o la primavera que me florece en su lugar) necesita algo más. Y yo con él. Así que mañana les presentaré a Jacinto Pernocta, el primero de muchos y variados escritores inéditos e inconclusos que he ido documentando en estos años con mi chapita de detective amateur.

Probablemente, el escritor más importante de la Móvida. Y hasta aquí pueden leer.

Written by Javi Sánchez

mayo 5, 2009 at 12:48 pm

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“Estás desperdiciando tu talento”

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La frase, evidentemente, no es mía, pero a mí iba dirigida. Por una persona monovital, sin mayores intenciones. Y no, no es de ayer. Lo que más me jode es que vino a cuenta de Mondo Píxel [el increíble volumen 2 de los mejores textos sobre ocio electrónico se acerca, malandrines] y  mi doble felicidad por su existencia, y mi participación en la misma.

Evidentemente, la persona que lo dijo no tiene ni puta idea ni interés alguno por el tema, y lo mejor que se puede decir de ella es que es muy siglo XX. No vamos a hablar aquí de cuáles son sus talentos -uno, porque sólo tiene uno-, ni tampoco de sus limitaciones, porque la frase es, en sí, una frontera norcoreana que dice mucho sobre el interior de la persona y la zona desmilitarizada que es su neocórtex, donde no crece ni el arroz.

(Por otro lado, me han alabado el talento este fin de semana,  a obra puesta, y no vean lo bien qué sienta. Especialmente, porque con el halago encima, me doy cuenta de dónde están las carencias y sigo metiendo llave inglesa hasta que lo escrito sea tan preciso como la pelvis de Elvis repicando en doce compases. Si tuviera que ofrecerles un único aforismo al estilo clásico, les diría: sean siempre dignos de las alabanzas que les depositen. Es buena filosofía.

De nada, por cierto.)

Miren, no soy de esos egocéntricos que le regalarían a su madre Mondo-Píxel por el día de la Ídem (una Samsung 19 pulgadas, sí, te quiero mucho, y parir mi cabezón sin cesárea tuvo que ser ciertamente jodido).  No lo necesito, no es mi madre u otros públicos no objetivos quienes tienen que apreciarlo. Soy de los otros egocéntricos: a los que les gusta lo que hacen y lo relativo a lo que hacen, y bien está que sea así para ellos. y sus pares. Sí que evangelizo a veces con los videojuegos, quién no, pero no se me ocurriría que porque alguien escriba acojonantes análisis sobre las eddas nórdicas -cosa que ni me va ni me viene-, esa persona estuviera desperdiciando su talento por no preocuparse por los entresijos comunicativos del Wiimote -si, además, sólo cambia el objeto de estudio-.

Aparte -y perdonen que no lo dialogue, estas son las explicaciones que di con cierto cabreo, pero estoy pariendo guiones en camada y estoy saturado de esa forma de expresión escrita-, el talento. Me siento un cráneo previlegiado por compartir firma con tipos tan absolutamente impresionantes como la plana pixelera. Y lo que no es firma. Es bonito, porque la sensación de orgullo, innovación y exploración de nuevos caminos es una constante. Es una hermosa colección de egos, pero muy bien puestos y agradables. Mi talento es haber conseguido estar al lado de ellos sin sonrojo, y con la misma admiración del primer día.

Que una personita de vida sin esquinas ni curvas, del grosor de un punto, me venga emitiendo ciertos juicios de valor, (y más después de saborear el viernes que soy mucho más rico en conocidos que en conocimientos, y que se dan la manita en tantos casos), no molesta. Pero ofende, y me hace pensar: estoy hasta mis viriles y no vasectomizados testes de tener que andar justificando mi actividad mental y manual -disculpar la masturbación, a estas alturas, quiá-, de pedir disculpas por saber hacer bien lo que sé hacer (y esfuerzo cuesta: cada día intento ser un poquito mejor, y desde el apocalips-ex, trato de ser la mejor persona que pueda ser. Por joder, también, para que haga mella la comparación biográfica hasta que ella sea antítesis de mí por debajo, pero eh), de encontrarme bloqueos por doquier por parte de gente que objetivamente es mediocre en comparación conmigo.

Y de que cada vez que comparto mantel, birra o baile con cada uno de mis brillantes conocidos, tenga la sensación de que así es, más o menos para todos. Es cierto, pues: estoy -estamos- desperdiciando nuestros talentos. Viviendo en un país donde la envidia y la ignorancia compiten cada día por ver cuál de las dos será discurso único. Tratando con personitas a las que todo les viene grande y que, como no escribo best-sellers ni hago crónicas políticas, piensan que me desperdicio (nada malo en esas dos dedicaciones, por dios).

Pero bueno, dos dudas que me quedaron. Una, ¿es mi talento escribir novelas o hacer periodismo de alcachofa? ¿O es la capacidad de humillar, aplastar mentalmente, reducir a cero al interlocutor cuando me busca el ninja? ¿Y si mi talento fuera el asesinato como bella arte? ¿Debería desarrollarlo en lugar de teorizar sobre semiologías interactivas?

Y dos, interlocutora: ¿estás curando el cáncer, inventando nuevos transistores, salvando negritos del tercer mundo hasta que se extingan las pobres moscas que los afligen -como se extingue la ladilla por la popularización del chocho a la brasileña: no se rían, hay estudios sobre ello. Pagados con impuestos-, revolucionando la dependencia energética del pudding de dinosaurio, inventando la erección constante, testando la píldora mágica de inagotable sabor a vainilla, fusionando átomos en frío, desarrollando la necesaria teleportación, acercando el futuro a nuestras conexiones neuronales, implantando Google en nuestros brazos, calculando el algoritmo del amor eterno, demostrando o negando de forma definitiva la existencia cuántica de DIOS, haciéndonos inmortales, liando cigarrillos que no maten ni dejen el pulmón como si la ex se hubiera cortado las uñas en la pleura, avanzando el mundo con tu paso y pulso?

No.

Pues estamos en las mismas. Yo, al menos, no tengo problemas con la inutilidad de mis textos en comparación con todas esas necesidades humanas de primer orden. La vida es, en sí, bastante inútil. Un talento desperdiciado, cada vida, si al final se acaba.

Written by Javi Sánchez

mayo 3, 2009 at 10:12 am

Publicado en De buen rollo

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La verdad ya no existe/Lo tuyo es puto teatro

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kirkleia[Inserte aquí su lúbrica fanfiction]

Ando por la vida picoteándolo todo, como un pajarillo negro en un bosque de ahorcados. No me centro, es difícil. No tengo todavía un trabajo digno de tal nombre -que, por definición, es algo indigno y sucio-, y la dualidad bofetada/caricia que ha emprendido conmigo la vida, desde que Zorratumor se cagó de mi biografía, me tiene trastabillando hasta el punto que ya confundo la hostia con el mimo, tanto de ambos hay, tan seguidos, tan veloces, tan parecidos a veces.

Tan escasa la respuesta emocional o pavloviana por mi parte a la hostia o la caricia, todo hay que decirlo.

Me hace gracia, en un buen sentido, como gente [y donde pone gente, pongan mujeres] que desconoce mi biografía por completo va escalando los dos o tres apoyos que mi persona no empática siempre deja accesibles (vías de comunicación, poco más, en las que ni mesuro ni desato al contestar). Me hace gracia porque soy altamente hipotético -también imaginario: c’est ne pas un blog-, pero sólo de mis hipótesis. Y me sorprende la gente [y donde pone gente…], la que semanas más tarde te escribe, y te busca, ehm, un Algo Más, una respuesta, una oportunidad, una ilusión, una tontería, un momentito de intervalo entre el aquí y el ahora en el que poder gilisoñar -y no es malo para el ego que giliensoñen con uno, aunque uno sea desconocido, poco más que secundario exposicional, muy muy por deabajo de un deus ex machina en los resortes fáciles-.

No es malo. Yo gilisueño mucho, fíjense sólo en mi fin de semana, que me dejó gilisueños de amor motorizado y bello desde el viernes; tengo gilipesadillas plásticas lubricadas desde la mañana del sábado; tengo giliensoñaciones de tarde de domingo en las que la vida da por culo a mi ex como una dodecupla penetración anal simultánea, que las once anteriores ya están allí por su sacroputa voluntad. Tengo gilianhelos de 21 años; tontilucinaciones de edad desconocida y voz indolente; idiolizaciones propias de la treintena, de la mía; chorriansias de mediana talla y generoso escote; bobonsalmos en los que letanizo uno o varios nombres en nombre de la primavera o la gripe porcina.

O no, y me lo estoy inventando todo, y nunca tuve una ex que así la coman los cuervos cuando finalmente se ahorque -no se suicide, se ahorque-, y mueran los cuervos con el veneno e inventen un nuevo Aporkalypse con su carne miasmática, su nombre miasma, todo su ser pernicio propio y ajeno, sea maldita hasta por los dioses que no rezo.

O no, y me lo estoy inventando todo, y no me enamoré fugazmente bajo un golpe de Stendhal kinemático, al enmarcarse muy realmente la narración de su voz con la de su persona con la de mil vehículos derramándose por todas partes, jugando -los muy cabrones- a enlazarse con mi anterior post sobre Ballard, coches, sexo.

O no nada, onanismo, tanto da, si yo iba a empezar este post con una sola y triste foto, a decirles que la verdad ya no existe, que todo puede ser inventado y revisado, y que ese universo ficticio que crea la mentira -cuando bien se hace y se fabula- es incluso más atractivo a veces:

kirkleiaEsto no es canon, ni universo extendido.

Written by Javi Sánchez

abril 29, 2009 at 6:08 am

http://tinyurl.com/d4mlop

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Y casi muero. Por si no fuera bastante salir del antro, meter lengua, tocar culo y saber que no hay posibilidad de polvo. En la calle, en todo caso. En los 3,5º de la calle, mientras viene un autobús, y el tercero mira y baila en la parada. Con un ridículo sombrero de paja. Da igual. Me despido, “hasta la vuelta”. Volvería. Mañana mismo, o antes de irme, así es el polvo inexistente. Volvería ya, sin irme. Puto dentista, puta vida, puta casapadres, casi muero.

Porque despierto al taxista cuando les dejo en la parada, y veo en sus ojos algo peor, mucho peor que mi reflejo. Y, efectivamente, llega la primera rotonda, línea recta para él, mientras anoto mentalmente y distraído un principio de post, “no es secreto que me ponen las tías más altas que yo…”, cuando me pego el hostiazo contra el respaldo delantero.

Y mira, mira que se lo digo al colega, que no corra -el otro taxi, todo legal, carril correcto, nos ha esquivado de milagro-, que no hace falta. Se lo digo muchas veces, en la estación de autobuses, tomando café. Pero ahí va, corriendo -estamos en medio de cuatro carriles, hijodeputa-, y no me hace caso. Venga que te corre. Fíjate, el autobús -no el autobús, el Juggernaut, coño, en una perpendicular tan exacta que lloran los matemáticos muertos al verla en la naturaleza: sé que lloran, porque están al otro lado de la luz, tan cercana ahora-. Y no se para. Si es que qué prisa habrá, muchacho, qué prisa -y nos sube a la rotonda, al cesped, a la bandera, mientras nos palpa el culo el autobús, con la misma violencia que yo palpaba hace cinco minutos de polvo logistícamente imposible-. Ay, muchacho. Yo tomo café, no creas. Yo lo tomo con el amigo de antes, pero mira cómo ha corrido. ¿Te has dado ahí? -hn, qué, ah, el respaldo debe ser el ahí charro, esta vez; no no, lléveme a casa ya- Esto es una mierda, no veo nada, los años no perdonan, no te importa este semáforo, llegamos antes, no te quiero gastar los dineros, muchacho, cuál es tu portal -en la esquina, en la puta esquina, y estoy casi llorando mientras lo digo, casi muero-. Mejor me meto aquí y no molesto. ¡Joder! -un bolardo entero, en la puerta de mi casa, adiós mis excusas, tengo un vecino en la ventana y un taxsta mucho peor que yo, pero la vergüenza es mía- Dame, dame. Un segundito que te devuelvo, es que casi no veo con este amanecer -no, quédese todo, los cinco euros, tengo más si quiere, me bajo ya-. Gracias, muchacho, un café a tu salud, y no te preocupes, que yo le digo que no corra.

Al bajar, casi me estampa, me roza la bota y anoto su matrícula para cuando vuelva aquí yo, a Salamanca, a buscar culo y venganza. Abro la puerta. El demente pater familias de la puerta de al lado (otra historia, será contada, tal vez) abre y mira, sonríe demente. Y yo saludo, entro. Me ducho, desayuno, tengo dentista en tres horas. Escribo aquí. Corto y pego y me descojono, despertando a mi madre. Casi morir, es sólo otro ejercicio de teclas. Me descojono: esto soy.

Written by Javi Sánchez

abril 17, 2009 at 6:20 am

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Amalgama de plata

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No sé si es por la cantidad de tiempo pasada en casapadres (donde uno no puede decidir algo tan simple como la cantidad de comida que desea, o su temperatura), pero tengo la sensación de que el mundo me trata como a un niño discapacitado. Hay varios ejemplos. Ayer, discutiendo con cierto abogado las jugadas pasadas y por venir, tenía un mensaje en el móvil de llamada perdida, rubia, voluptuosa e intempestiva (cuatro condiciones que por separado pueden molestar, pero cuyo conjunto hace que lamente haber tenido el móvil fuera de cobertura). El mensaje mostraba el nombre, el número, la hora, lo de siempre, lo esperado. Pero debajo, y juro que no lo había visto nunca, leía esto:

Si quiere devolver la llamada, pulse la tecla verde de su móvil.

Elegante forma de llamarme imbécil, vive dios. Pero, hay más. Hoy, tuve una sesión de tortura bucal en la que yo me repetía a mi mismo que no había tanta diferencia entre mi vida emocional y el disco dentado que me clavaban en la encía de la última muela, que yo era Jack Nicholson y Bill Murray, que el masoquismo mola mucho y que, al fin y al cabo, el dolor es información y puedo manipularla.

Tras todo eso -salpicado con perlitas como “es que esta sangre me lo complica todo”, mientras mi pobre encía lloraba despreciada en mi cabeza, monologando “¿acaso no sangro si me clavan puntiagudos metales en mi carne?”-, me dio cita para mañana, y me despidió. Cruzando yo el pasillo, me chistó un segundo -odio que me chisten. Y que me den con el dedito en la espalda. Lo odio mucho-, y me dijo:

Debería decirte que no mastiques hoy por ese lado.

Gñ. Sólo porque vaya a hablar todo el día como Corky, no significa que lo sea, maldito racista de encías. Además, masticar. Ya sé que hoy no puedo masticar por ahí. Cada vez que tengo consulta me preparo una rica crema de berenjenas y miga de pan. Pero, no. Dígame las cosas importantes, yo las pregunto si hace falta: ¿Puedo besar hoy a alguien? ¿Sacar la lengua sin problemas? ¿Hacer pedorretas en alguna tripa? ¿Aislarme del mundo entre los muslos? ¿Morder un cuello? ¿Con los caninos o con los incisivos? ¿Dejar que me atrapen el labio superior?

¿Por qué las profesiones médicas confunden lo importante con lo innecesario?

PD: O, si hay que tratar a la gente como si fueran niños discapacitados, háganlo con algo que les ayude. Y en lo que sean realmente torpes. Como me acaba de pasar por mail. Con cinco simples palabras.

Written by Javi Sánchez

abril 16, 2009 at 11:33 am

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Aviónica

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[Adoro a mi madre por encima de todas las cosas. No se pasen ni media con ella si comentan. De mí, ya saben: poco pueden hacerme que no me haya hecho ya alguna ex, o el coche que me atropelló cuando tenía nueve o diez años]

Me mata estar en la casa de mis padres estos días, y no poder escribir más de diez líneas sin ser interrumpido por ese defecto atroz del habla salmantina: hay una incapacidad en la meseta para definir los objetos de la conversación y su ubicación espacial. “Te cojo esos” ¿Cuáles? “Los de ahí” Me rindo. “Esos de ahí, los de encima” Tú estás cocinando y yo estoy en la habitación del cablemódem. “Ven a tu habitación”

(No es mi habitación. Es mi ex habitación. Es un cadáver. Un cuarto. Y como hace toda madre, lo tienes embalsamado en unos años con los que ya ni siquiera me identifico. Vas acumulando otras cosas. Libros, cuadros que ya no quieres, ropa que no es mía y que ya no usáis ninguno de los dos. Está genial para ser un arqueólogo de identidades, un forense de adolescencias, lo sé. Uno de mis tíos vive en Alicante desde antes de que yo naciera, y en casa de mi abuela, siempre fue “la habitación de José Luis”, mezcla de almacén y de quien carallos fuera ese tío mío cuando fue salmantino. Allí le he buscado yo, adivinando poco a poco porque fue el primer miembro de mi familia materna directa en escapar de Salamanca. Imagino que influyó para que yo fuera el segundo.

Pero yo no tengo hermanos ni hermanas. Ningún sobrino mío va a repasar los libros para adivinar cuáles eran los míos y cuáles los que han acumulado allí -fácil, si están Irvine Welsh y Danielle Steele, García Montero y Almudena Grandes,  cohabitando la misma estantería, en un fornicio literario absolutamente contra natura-. Nadie va a planear su fuga de la ciudad dorada siguiendo mi poco edificante ejemplo, y pidiéndole consejo a Sandy, mi demonio tengú tallado en hueso de yak que cuelga enfrente de mi cama.

Y la mujer de mi tío, al menos, siempre ha sido espectacular motivo para cualquier fuga: la ciencia forense es un apoyo a la investigación, no la solución al caso per se.

No es mi habitación: no hay wifi)

Así que vamos al cuarto, donde mi madre dice “Javierito, esos”. No le veo los ojos mientras lo dice, ni mueve las manos al hablar. ¿Los cables? “No” ¿Los juegos de la Play 2? [God Hand, Disgaea II, God of War, Dragon Quest VIII] , “No, los pantalones” ¿Los cuatro pantalones que están encima de la única silla de este cuarto? “De tu habitación” Del cuarto. ¿Qué pasa con ellos? “¿Cuáles son para lavar?” Los Levi’s desgastados de costura diagonal, rotos en la pata -por cuatro años de electroclash y britpoperío y otros bailes, no digo. Podría enumerar el rostro y dos circustancias de cada mujer delante de la que han caído esos pantalones en concreto, y el día que me los compraron, en el que nació Ian Curtis: mi cumpleaños. No digo nada de eso-. “¿Cuáles” Esos, mamá. “Ah, haberlo dicho”.

No hay ironía en esto. Los salmantinos son perfectamente capaces de orientarse así. Debe haber algún rasgo fenotípico de la zona que proporciona telepatía de bajo nivel orientada a objetos. No lo tengo. ¿Seré adoptado? He visto a varias personas que, entre loísmos y voces, son capaces de organizar una cena para 30 individuos con media docena de “pon esos ahí”. Si fuera general en guerra, haría una brigada charra de comunicaciones que repartiría entre todas mis divisiones y ni me molestaría en encriptarlas: sin intérprete, yo tampoco sabría dónde coño va a comenzar la contraofensiva. La hora, sí, porque el “luego” charro, en sus noventa y cinco variantes, lo domino como pocos. Pero eso es más por tener pito, y porque el tiempo en las noches es más elástico que líquido.

Igualmente, vuelvo al cuarto del ordenador, borro y empiezo este texto porque ya he olvidado las cuatro líneas que tenía escritas del otro, y leyéndolas no sé dónde iba yo con ellas, ni con este título. ¿Aviónica? ¿De verdad iba a hablar de las alucinaciones con el Gradius que tuve en el Cubic hace dos noches a ritmo de electro y hasta las tetitas? ¿Lo de la alemana, tal vez? ¿Cuálo? [charrismo] Soy salmantino defectuoso, está claro.

Entonces, más o menos cuando yo estaba rememorando-barra-tecleando los polvos y amores que eché con esos, mis primeros pantalones vaqueros no-negros desde los 15 años, mi madre terminó de cocinar y me reclamó de nuevo. “¿Qué hago con estos?” Pero, por la dirección de su voz y el tiempo transcurrido, yo ya estaba enumerando los pertinentes estos que podía haber en los bolsillos de esos. Incluyendo la prórroga caducada del permiso de residencia de mi ex, que encontré en mi bolso del portátil al bajar del autobús, y guardé distraídamente en mi bolsillo del culo. Ni idea de por qué estaba ahí. Ni de que ella me hubiera cogido nunca el bolso.

Tíralos, sin despegar las manos del ordenador. “Vale” Gracias, y termino el post.

Written by Javi Sánchez

abril 11, 2009 at 5:14 pm

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Thou shalt not blog on mondays

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Adiós, blogdrive. Hola, wordpress.

Nos presentaremos.

Soy Kun.  Acabo de superar la treintena hace tan poco que todavía me come el estallido sónico. Escribir me ha dado de comer durante casi toda mi vida adulta, y no sólo en lo económico. Blogueo por las mismas razones por las que el resto de la gente se masturba: para aliviarme, para fantasear, para perder unos minutos con un poquito de placer. Y para mí mismo, con lo que perdonarán que no me preocupe en conseguir lectores.

Aunque no se preocupen, que se me ha tildado de pornógrafo emocional en muchas ocasiones. Otro punto en común con la masturbación, imagino.

Vengo aquí un poco espantado de la monocromía que he escogido como tema, de la iPureza del editor que los usuarios de wordpress conocerán mejor que yo. Vengo aquí porque mi blog anterior murió como un filete, a dentellada limpia. No sé de qué escribiré, pero eso nunca ha sido un obstáculo. Imagino que habrá metáforas, piernas que se abren y se cierran, bofetadas de odio, y muy de vez en cuando, algo de ficción y poesía medianamente correctos.

No creo en ningún dios, pero tengo una colección de ídolos caídos que sobrepasa la alineación completa de los GI Joe en los 80. Oh, y normalmente les exabruptaría un “les odio a todos”, pero las glándulas de la odiamina están completamente centradas en mi más reciente ex.

Pero no se preocupen: es algo temporal, y tardaré poco en insultar todo lo que se mueva, empezando por mí.

Empezamos.

Written by Javi Sánchez

abril 6, 2009 at 4:23 pm

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