Horas químicas

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Las dos primeras fotos

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Temo y detesto a Arianna Huffington, pero sería imbécil si no reconociera lo que ha hecho: convertir un portal de blogs en “el nuevo nuevo periodismo”. The Huffington Post es una cosa basada en la información política tirando a babor (a lo que entienden los yanquis como tal) y la opinión a cascoporro mediante firmas y más firmas, en las que conviven perfectos semidesconocidos con los gurús demócratas de turno.  Temo y destesto a la Huff’ porque me parece una pesetor de cuidado, que pregona a Keynes mientras busca fórmulas para no pagar a sus colaboradores (con “el viejo viejo editorialismo” de oyetútepromociono) y al mismo tiempo se embolsa 315 millones de dólares panoja en mano tras un acuerdo con AOL.

Pero creo que hay algo por lo que el HuffPo’ funciona tan bien:

Foto “a cinco” haga sol o truene

Huffington Post siempre abre con una fotarraca y un titular como si se acabara el mundo. Los plumillas, por deformación, tendemos a pasar de las fotos que da gusto, un mal hábito que reconozco y quiero romper, que para algo tengo pareja fotógrafa. Además, el único sitio en el que a día de hoy hago noticias a diario nos tiene (a John Tones y a mí) bien leída la cartilla: ninguna noticia sin foto o vídeo. Me cuesta habituarme (y eso que me tiré seis añitos en una revista en la que la imagen determinaba el contenido), pero tienen razón. Esto es Internet, coño, es la Esparta audiovisual: el relato del mundo  ha de entrar por los ojos, como las mayúsculas de La Historia Interminable.

Y todo esto viene por mi paseo matutino por la prensa digital española. Llevo un tiempo indignado con el creciente espacio dedicado por TODAS las cabeceras a los deportes, que ya suponen entre un cuarto y un tercio, siendo generosos, de la portada diaria. Imagino que a modo de azucarillo para el asco nuestro de cada día: pasará mejor, pasará mejor. Así que hoy estaba sacando capturas de las cabeceras nacionales para enfadarme mucho con esto del espacio dedicado al deporte cuando me di cuenta: ay, las fotos, el relato del mundo, que se viene abajo y lo único que entra por los ojos es hierba y gente en pantalones cortos al primer vistazo, o ni siquiera. Supongo que las cosas en iPad serán distintas, pero el iPad es luego y élite y cántaro lechero, y la prensa debería ocuparse de llegar con vida al luego, recordar un poquito quién le daba de comer y por qué se ponen fotos: puede que la gente ya no sea analfabeta integral pero, narrativamente, la eme con la a como que no.

Así que me propuse buscar las dos primeras fotos que se ven al cargar la página, sin hacer trampas como en la captura del HuffPo’, donde bajé un poquito para sacar la foto entera (pero aún así se ve más de la mitad de primeras). Para sacar de un PrtScr qué entienden visualmente los periódicos sobre el está pasando, lo estás viendo. Vean el panorama:

EL PAÍS: 1- Fútbol.  1,5- en Eskup, un trocito de avión en el que ha “llegafo” alguien a algún sitio. Es sólo fotonoticia, no tiene información adicional, no está relacionada con nada que podamos ver a simple vista, hay que bajar para entender qué es o por qué importa. Pero eh, esa columna funciona como un canal de teletipos, no me hagan caso.

El Mundo: 1 -Fútbol. 2- Fútbol. Estoy cantando mentalmente el estribillo de Alta Fidelidad de Lori Meyers, por cierto.

La Vanguardia: 1-Fútbol. 2-Vídeo de una folkie. Alegría. Y “tensiones de tesorería” va a ser mi eufemismo-villancico de estas Navidades: encaja perfectamente con “campana sobre campaaaana”.  Por otro lado, ¿ven el peluco? ¿El mismo que había en El Mundo?  Es un widget publicitario: Omega patrocina LA HORA DEL DÍA. A pesar de que está abajo a la derecha en mi ordenador, en formato digital y más legible.

ABC: 1- ¡El test de Jacko, queridas amigas del consultorio SuperPop!. 2-Fútbol. 2,5-La calva del señor que mató a Jacko con sus poderes prescriptores. Y, por favor, vayan leyendo a la izquierda lo que está pasando en el mundo real mientras las fotos hacen de orquesta del Titanic. Sé que jode, pero eh.

El Periódico: 0-El silencio visual. Por cierto, ese espacio blanco de arriba tiene un banner, sí, pero sólo para la edición catalana. Con su concepto de la imagen, El Periódico es ese amigo que le preguntas quétalunascañas y media hora más tarde estás pidiendo orujos a ver si lo tumbas y se calla.

No meto La Razón porque no lo considero un periódico.

Ya fuera, The Guardian tiene un fotón de una huelga (vaya, parece que hay una imagen que coincide con la narrativa de los titulares) y una pequeña deportiva. Un fotón como éste:

Le Monde: 1,2,3,4- Huelga (otra vez, va-ya), Irán, más cosas. Ese contenedor de Le Monde carga cada pocos segundos las principales noticias y sus fotos correspondientes. 5- Johnny Depp teme y detesta en Las Vegas. No hay columna de deportes porque sí. :_) Hasta hoy no me había dado cuenta de que los portugueses cogieron el término “huelga” directamente del francés, por cierto.

En The New York Times son unos pesaos y lo han sido toda su vida, pero como sí es un periódico elitista se lo perdono a ellos, y a ustedes la captura: es el único digital que parece una sábana hasta en una pantalluca y la única foto de hoy es de una casita campestre, a tope con el dinamismo. The Boston Globe, conocidos por su maravillosa The Big Picture, llevan una foto de tascas y otra de deportes. Etcétera, etcétera. Y luego nos sorprendemos de que Arianna Huffington lo esté petando con el expeditivo método de dar cada día una hostia en la retina.

Written by Javi Sánchez

noviembre 30, 2011 at 7:26 am

Publicado en Fotochop

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No preguntes

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Levanto la cabeza del Diccionario del suicidio, tratando de colocar la cronología tétrica del último día, ahora que ya deben ser las once o así. La primera pausa es en el pantalón ceñido a esa cadera generosa que he visto desnuda y blanca. Trato de tirar de mi mirada, de cogerme el pelo sin manos para alzarme la vista -los ojos, ay, ya son de muñeco o retrato, carecen de independencia de mi rostro, y éste es colonia de mi cabeza: las resacas, que arrasan bisagras y unifican o reducen- hasta las tetas, por encima de las tetas, trepando los arrecifes de carne. No hay, caballeros, que detenerse en las tetas cuando se alza la mirada, porque es naufragio de pobres vulgares.

Pero ahí estoy, con el libro inmediato, el desayuno en primer término, y las tetas en segundo plano, sopesando si recaer en los suicidas, o quedarme colgado de los recuerdos: las tetas. Entonces, surgen las manos con un puñado de billetes, a la altura misma de sus tetas y mis tostas. Un billete tras otro, movidos con una habilidad de la que yo carezco para todo lo que no sea el tecleo, el juego o la carne.

Hasta los 500 euros, supongo, fascinado ante el desfile de billetes, con el olor del tomate y el aceite limpiándome la boca del regusto necio de la química. Por un momento, vuelvo a tener la mirada independiente, desglosada de mí, y a la derecha hay un tipo grande y recio, con una camisa estrepitosa de cuadros rojos y blancos, barrigona. Debe haber dos metros de tipo ahí, con unos cuarenta años para forjar ese armazón enorme y grotesco. Juzgo y construyo la imagen, cuando una mano bestial surge del bolsillo del pantalón y suelta un morado. 500 euros, supuse bien.

La mujer de la cadera generosa, el buen servicio, los dedos hábiles, las tetas prodigiosas -y todo lo que falta, que también conozco, o empiezo a dudarlo- agarra el billetón (y pienso, con la lógica de la bajona, que cómo un tipo tan enorme no iba a tener billetes de 500, claro. Claro) y le desliza el cambio -o lo que sea- por debajo de una tapa de paella en la que no había reparado yo, tan aturdido por el dinero, el sexo, los escritores muertos. Tan aturdido que no sé lo que estoy viendo, ni por qué.

Me chirría la cabeza en esa ausencia de entendederas que me pierdo más pasos: la sonrisa de ella, el rostro del tipo, la voz femenina llamándole Isidro con una familiaridad que no le he oído ni para mi nombre -cierto es que, hasta la fecha, soy nombre de una noche-, el destino del morado, el momento en el que el hombretón  de patillas espesas ha engullido la paella y debajo de la tapa -efectivamente: la tapa- ya no hay rastro de dinero. No sé qué pasa. Y cuando ella me llama por mi nombre, sé que mi ignorancia se ha barruntado sin apartar los ojos, otra vez, cómo no, de las tetas. Sólo puedo pensar -no me atrevo a mover la cabeza- que ojalá el ciclópeo Isidro no me haya visto verles. O que piense que sólo he visto tetas. No caerá esa breva.

Tras mi nombre, se acerca, me rellena el café mientras susurra “ve por tabaco” y se abrocha coqueta el último botón de la camisa, hasta que no hay ni un mínimo de escote. Autómata perdido, me dirijo hasta la máquina del fondo, muy al fondo (es una cafetería nominal, un pub arquitectónico), y ella sale por la barra y baja hasta el almacén, por las escaleras de la izquierda. No miro a mi alrededor antes de seguirla.

Fuera de la barra, es mucho más bajita. Eso lo pensé el día que quedé con ella, y lo vuelvo a pensar según me coge, me echa los brazos al cuello, me deposita la lengua en la boca con suavidad, se ríe “sabes a farlopa” y me mete en el almacén. Allí vuelve a besarme, me coge las manos, las pone en sus tetas, aprieto autómata tratando de no pensar en mi cara, en la cara que debo tener pensando todo esto, viviendo todo esto antes de escribirlo aquí. Suelta un ligero gemido mientras me aprieta las manos con fuerza para que yo apriete más.

Cuando ya no sé si estoy cachondo o acojonado, vuelve a besarme rápida y me dice “no preguntes”. Otro beso y otra vez, sonriente, “no preguntes”. Y se va. Como tengo la manía de pagar el desayuno antes de tomármelo, subo, recuerdo que he dejado el paquete de tabaco caído en la máquina, lo recojo, y salgo por el fondo, alejado de la barra, sin mirar hacia los lados.

Al llegar a casa no pregunto y recibo un mensaje en el móvil. “Llámame siempre que quieras. Pero no preguntes. Te has olvidado el libro. Muak”. Me mudo dentro de cuatro días. Y no rumbo a lo desconocido, no. Lo desconocido lo tengo a la vuelta de la esquina.

Written by Javi Sánchez

junio 27, 2009 at 12:02 pm

Sed de mal

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Toda una vida.

Toda una vida leyendo cómics, jugando a videojuegos, sumergido en las más banales convenciones de la cultura pop sobre referentes icónicos de blanquinegra moral. Imaginando a la luz de las páginas pulp, malediciendo a la ex, escuchando atmósferas oscuras, indagando en metáforas autorreferenciales, signos y símbolos por doquier tan conceptualizados que se absolutizaban con un “lo” superlativo precediéndoles.

Y nada: ni imagen ni texto ni discurso ni fonema ni nota ni signo ni plano ni carne ni nombre ni símbolo ni ex ni nada. Nunca había visto una encarnación de LO MALIGNO tan poderosa, un meme tan fuerte que ya tiene infectadas todas mis neuronas con una vista en miniatura vírica e imborrable, a no ser que formatee todo mi yo. Ni Jack Kirby ni Milton ni hostias. Esta foto.

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—beware your fears made into light

Está todo tan bien construido y aseado en esta foto que es inútil su disección. El sabueso satánico inmóvil ante el contacto óseo y cuasiespectral de “El ex presidente” (esa mayúscula gazapil en el artículo, por cierto, está en el adelanto que hace el propio ABC); la torvísima mirada, la impresión de que nada bombea ese interior granítico y terrible, pues la sangre es cosa de humanos y Aznar un concepto que trasciende esa mera incomodidad biológica… Brr. Es el lich, el autómaton, el monstruo, lo alienígena cuya mera contemplación destroza el status quo de la frágil capa de humanidad que portamos, provoca la repulsión aracnida en lo más recóndito de nuestro cerebro animal. Incluso el modelo cromático, con ese aura de pantócrator inverso da un repelús en lo más hondo de la losa judeocristiana con la que nos atizaban el biberón cultural: es el aznarcristo, que es como el anticristo pero en real.

Según tecleo, quiero apartar la mirada y refugiarme bajo una sábana, remedando algo hermoso que rompa el influjo: qué se yo, un trozo de Schubert, un poema de Dylan Thomas, un escote generoso en la retina, un baile ya olvidado, una página de Miguelanxo Prado, un millar de vehículos tridimensionales rompiendo la física y los cánones de belleza que el triste espaciotiempo nos impuso. O algo.

Porque hay tanto canon ahí, en esa imagen, tal perfección y exactitud, que es necesario ir más allá para escapar a su influjo, al golpe emocional que supone saber lo que siempre se sospechó pero nunca quiso uno confirmar así: Aznar es el Mal. O peor. No hay Mal, en el sentido clásico, más allá de Aznar. Está todo ahí, desde Mefisto hasta Palpatine, pasando por Victor Von Doom.

Y es el ex de todos ustedes, les guste o no. Perdón, El ex.

Written by Javi Sánchez

abril 25, 2009 at 7:06 pm

Publicado en De buen rollo

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